RABANALES 21: MEMORIA HISTORICA Y FUTURO.


RABANALES 21: MEMORIA HISTORICA Y FUTURO.

Diego Llanes Ruiz

Se cumplen más de 13 años del momento en el que CEUCOSA (sociedad instrumental de la Universidad de Córdoba, UCO) pusiera a disposición de la sociedad Rabanales 21 SA, unos terrenos, (70 Ha), propiedad de la UCO. Más de un centenar de profesores nos opusimos sin éxito a esa venta, que se justificaba para aumentar la innovación y el desarrollo (I+D) en nuestra ciudad. Tras la recalificación, a uso industrial de unos terrenos que tenían usos docentes, la UCO entró a formar parte del Parque tecnológico con el 24,74% de las acciones, acompañando a, la Junta de Andalucía (20%), El Monte (20%), PRASA (20%), Cajasur (10%), Ayuntamiento (4,4%) y Diputación (0,9%). La operación prometía beneficios tanto sociales como económicos, dado que centenares de empresas estaban interesadas en establecerse en el Parque

En sus inicios el proyecto contaba con un promotor privado, la constructora PRASA, que hoy está en concurso de acreedores, (ahora mantiene solo un 5% del accionariado) a la que acompañaban en su aventura, cosa usual en aquellos tiempos de burbuja inmobiliaria, dos entidades bancarias, El Monte y Cajasur, una de ellas (Cajasur) fue rescatada con fondos públicos y ambas adquiridas por otras entidades menos problemáticas, nos referimos a Kutxabank y Caixabank, que hoy tiene el 35% de las acciones tras la compra del 15% de las acciones de PRASA. Con el tiempo el sector público ha ido incrementando su presencia y responsabilidades algo normal y diría que imprescindible en este tipo de aventura especulativa, donde los beneficios son privados y las pérdidas públicas.

Trece años después, Rabanales 21 SA acumula deudas por valor de casi 23 millones y tiene tres edificios, donde se sitúan unas decenas de empresas, uno de ellos el ORION ha sido embargado por el Ministerio de Hacienda por las deudas que tiene la Sociedad con el Estado. Tras años de ingentes gastos en construcción y urbanización, la Sociedad ha llegado a una situación próxima a la quiebra dado que no ha podido atraer a los centenares de empresas que en un principio se prometieron y pone sus esperanzas en la venta de terrenos para un parque comercial. Hace unos días y mientras llega el dinero de ese parque comercial innovador, se ha aprobado que el ayuntamiento compre un solar para innovar en el suministro de agua y, lo más sorprendente, que CEUCOSA, sí la misma sociedad instrumental de la UCO que vendió los terrenos, ahora, para salvar la situación, deberá adquirir una parte de algo que le perteneció, con lo que se cierra un ingenioso e innovador bucle que empezó hace 13 años.

La sociedad Rabanales 21 SA, ha tenido promotores y gestores, que procedían de instituciones públicas, los resultados indican que su gestión no ha sido precisamente brillante, sin embargo, al dejar Rabanales 21 usualmente se reincorporan a la gestión de lo público, como si todo hubiera ido bien o al menos según lo esperado.

Hasta aquí la memoria histórica, pero debemos hablar del futuro.  ¿Qué pasará con Rabanales 21 SA después de otros 13 años, en 2030? Soy de los que piensan que el cambio climático y el propio modelo económico capitalista, nos llevará al colapso, entendido este como un proceso de deterioro continuado de las condiciones de vida, cosa que ciertos grupos sociales y especialmente los jóvenes ya padecen hoy, y este nos guste o no será el marco que espera a Rabanales 21.

En breve, a propuesta de Ganemos, se desarrollará en Córdoba un proyecto que se llama “Córdoba en Transición” “En defensa de las generaciones presentes y futuras” y que tiene por objetivo que las “comunidades de transición”sean parte de un movimiento que propone de forma innovadora y creativa dotar de control a las comunidades para soportar el doble desafío del cambio climático y el declive del petróleo. Se me ocurre que de ese proyecto “Córdoba en transición” surja considerar al Parque tecnológico Rabanales 21 como el primer Parque tecnológico  en transición hacia lo que puede ser un colapso de nuestro modelo de sociedad.  Con ello las medidas que se tomen sobre el Parque y que sin duda deberán tomar las instituciones públicas; universidad y ayuntamiento especialmente, serán muy diferentes de las que hoy se proponen. Con ello seríamos pioneros en algo que otras ciudades deberán acometer más pronto que tarde. Sería por tanto no un motivo de vergüenza o escarnio para nuestra sociedad sino una manera diferente de enfrentar nuestro futuro, abandonando los lugares comunes que la evidencia muestra que no funcionan, aunque sean tan queridos por aquellos que solo pretenden mantenerse en sus posiciones de privilegio, como eso del cambio del modelo productivo sin cambiar el modelo económico.

Esta propuesta abriría un necesario debate y sería un reto para nuestros jóvenes que encontrarían en la ciudad algo realmente nuevo por lo que luchar, cuando ellos, por su edad, deben enfrentarse a un futuro que sabemos complicado. Nuestro límite lo ponemos en el 2030, es tiempo suficiente para probar soluciones diferentes que hagan de nuestra ciudad una sociedad más sostenible. Solo pedimos que los dejen trabajar el mismo tiempo que han tenido los diferentes promotores y gerentes de Rabanales 21 SA, que como hemos visto han logrado un perfecto bucle, pero generando entre tanto una deuda de 23 millones de euros. Seguro que en estos años además de deudas también se han generado beneficios sociales, empleos, que deberán mantenerse, sin embargo alguien debería responsabilizarse de las deudas generadas.

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LA MEDICINA BASADA EN LA EXPERIENCIA (MBE) SECUESTRADA.


El siguiente artículo procede de la web, No gracias y resultará interesante para aquellos preocupados por la investigación en biomedicina. Puede ser consultado con todos sus enlaces en:

http://www.nogracias.eu/2016/03/20/la-mbe-secuestrada-por-john-ioannidis/

Diego Llanes

LA MEDICINA BASADA EN LA EXPERIENCIA (MBE) SECUESTRADA.

 

Todavía en prensa, ya tenemos la publicación on line del texto de Ioannidis: “Evidence-based medicine has been hijacked: a report to David Sackett“. Se trata de una conversación que el autor inició con David Sackett, padre de la MBE y recientemente fallecido, en 2004 y que pervivió de manera virtual durante 12 años más:

“Durante los siguientes 12 años, esta conversación ha seguido creciendo en mi mente, añadiendo nuevos capítulos a ella según yo iba acumulado más derrotas. Derrotas que yo he querido compartir con David Sackett, incluso en ausencia.”

El texto es una declaración de fracaso que deja muy poco espacio para la esperanza. Un golpe en la mesa de uno de los científicos más influyentes del mundo ¿Alguien despertará?

Los inicios de la MBE como movimiento crítico

Dando algunas pinceladas sobre su propia vida, en algunos aspectos con paralelismos con la de Sackett, Ioannidis cuenta las iniciales resistencias del “neoclásico edificio de la medicina” contra los incendiario expertos en MBE:

“La MBE tuvo una resistencia sustancial en la década de 90 y en la primera del 2000. Incluso en los EE.UU., la meca de la investigación biomédica”

La MBE, inicialmente, iba contra intereses creados:

“Siendo investigador clínico recuerdo que apostábamos hasta cuando iba a durar la Agency for Health Care Policy and Research (AHCPR, que posteriormente se convirtió AHRQ). La agencia había hecho daño a los poderosos intereses de una sociedad profesional quirúrgica: una de sus directrices amenazaba las indicaciones de un costoso e inútil procedimiento quirúrgico. La AHCPR/AHRQ sobrevivió, pero, desde entonces, ha tenido que luchar valientemente por su existencia”

A finales de los años 90 escribió Ioannidis, junto con su compatriota Giannakis, un irónico artículo en el BMJ sobre los lujos que la industria farmacéutica pagaba a los médicos en un viaje a la península arábiga:

“Cuando publiqué el artículo…, un poderoso y políticamente conectado médico sindicalista de Atenas escribió al colegio de médicos pidiendo mi castigo y la revocación ejemplar de mi licencia. También me atacó personalmente en el consejo de administración del un centro nacional de control de enfermedades donde yo era vicepresidente. Un día en la sala de reuniones dijo que él no podía coexistir con una persona con tan excepcionalmente bajos estándares morales. Nadie me defendió” 

Sin embargo, esta inicial capacidad subversiva de la MBE no duró mucho. Según Ioannidis, los poderosos comenzaron a comprender que la MBE podía ser útil para sus fines:

“Las mismas personas que se atragantaban cuando se hablaba de ”MBE” empezaron a utilizar este término para reforzar su medicina basada en la eminencia. Varias personas de alto rango comenzaron a pedirme que trabajara con ellos, con la esperanza de que podrían publicar artículos en las principales revistas. Al negarme solo conseguí más enemigos”

 La MBE domesticada

La visión de Ioannidis sobre cómo ha acabado la MBE hoy en día es absolutamente descorazonadora:

‘‘Ahora que la MBE y sus principales herramientas, los ensayos clínicos aleatorizados y los meta-análisis, son altamente respetadas, la MBE ha sido secuestrada. Incluso sus defensores sospechan que algo va mal” (ver referencia arriba)”.

Y prosigue:

“La industria farmacéutica patrocina los ensayos clínicos más influyentes. Y lo hace muy bien, obteniendo los mejores resultados en las listas de comprobación que miden la “calidad metodológica”, y publicando sus trabajos más rápidamente que los ensayos independientes. Es solo que con frecuencia preguntan las cuestiones equivocadas, utilizan las peores variables subrogadas, hacen los análisis más erróneos, usan los criterios de efectividad menos adecuados y realizan las inferencias más inexactas. Pero ¿a quién le importan estos pequeños detalles?”

 El secuestro de la MBE no solo atañe a los ensayos clínicos sino que ahora también a los meta-análisis:

“La industria también está patrocinando un gran número de meta-análisis de la actualidad” (ver arriba referencia reciente con los antidepresivos).

Una vez más, consiguen las conclusiones que desean.

En 1999, en la sesión de clausura de la Colloquium Cochrane en Roma, Ioannidis congeló el entusiasmo de los “benévolos” asistentes:

“Me preocupaba que la Cochrane Colaboration perdiera credibilidad al difundir los resultados de estudios sesgados por los intereses creados a través de sus respetadas revisiones sistemáticas.” Esta preocupación es hoy una realidad

En contra de la manipulación

Ioannidis no está contra la industria y reconoce la necesidad de la iniciativa privada en la investigación biomédica:

“No estoy en contra de la industria, sino todo lo contrario: el espíritu empresarial es crucial para la traslación, el desarrollo y el crecimiento. Sin embargo, no podemos dejar que las empresas lleven a cabo las evaluaciones de sus propios productos. Si lo seguimos permitiendo no podemos culparlos , si compran la mejor publicidad (es decir, la “evidencia”) para vender lo que quieran”.

La casta médica

Ioannidis también acusa a los investigadores y líderes clínicos, que se venden para poder aparecer como co-autores de los grandes ensayos clínicos multicéntricos, los meta-análisis y las Guías de Práctica Clínica de gran alcance “a las que contribuyen poco en esencia“.

Los intereses creados acaban definiendo la agenda de investigación y el “halo de la evidencia” se propaga entre las sociedades profesionales y los grandes congresos médicos.

Las palabras que Ioannidis dedica a lo que Fava llama oligarquia profesional y nosotros “casta médica” son muy duras:

Muchos líderes académicos y miembros importantes de asociaciones profesionales crecen dentro de este sistema. A veces es difícil determinar si un soberbio curriculum con una larga lista de publicaciones refleja un trabajo duro y un liderazgo brillante o es un producto compuesto de un habilidoso juego del poder en las redes profesionales, autorías regaladas y la excelencia en el comercio de esclavos que se hace con los investigadores más jóvenes.

Ioannidis cuenta una anécdota que él califica de “divertida” pero que es terrible: debido a sus publicaciones metodológicas en diferentes campos suelen invitarle a participar en ensayos clínicos. En una ocasión respondió al mensaje aceptando la invitación:

“La persona en el otro extremo de la línea telefónica me prometió una autoría en el artículo del ensayo clínico; cuantos más pacientes pudiera reclutar, mejor sería mi posición en la autoría. Pedí ver el protocolo. La respuesta fue clara e inmediata: ”Oh, el protocolo, ¿por qué debería preocuparse por el protocolo? La empresa promotora se ha hecho cargo del protocolo. Y también se hará cargo de la redacción del documento. No es necesario que usted se preocupe por cosas que no tienen importancia. No pierda el tiempo con el protocolo o la edición del texto. Lo haremos nosotros y pondremos su nombre como autor en los papeles. Esto es lo que todos los investigadores clínicos de prestigio hacen””.

Los perjuicios para la biomedicina de esta “forma frustrada de MBE” alcanzan a los fondos y políticas de investigación ya que como el propio David Sackett denunció:

”La cuestión básica es que estos científicos médicos han secuestrado los organismos que conceden los fondos de investigación y diseñan las políticas científicas y que ponen un mayor empeño en servir a sus propias curiosidades personales que a las personas enfermas”

Las consecuencias para los médicos y científicos jóvenes que aprenden en este sistema son también graves:

“A menudo me pregunto: ¿qué monstruos estamos creando a través de este sistema de selección de los más aptos? Estamos animando a las personas a aprender cómo encontrar dinero, ser mejores relaciones públicas para inflar su trabajo, más pomposos y menso auto-críticos. Estos serán los héroes de la ciencia del siglo XXI.”

Las nuevas fronteras de la investigación biomedica

Con las nuevas fronteras de la investigación como la medicina personalizada, el big data o las “ómicas”, Ioannidis tampoco es muy optimista:

“Con la evidencia clínica convertida en una herramienta de la industria publicitaria y mucha “ciencia” convertida en un anexo a los casinos de Las Vegas, ¿hay esperanza con otros instrumentos de la MBE como la investigación diagnóstica, pronóstica o la individualización? He tenido un gran entusiasmo.. pero estoy cansado de ver las mismas promesas sobrevaloradas una y otra vez.”

 

La investigación basada en la big data siempre necesitará la investigación clínica para darle sentido:

“En cuanto a la epidemiología, la investigación sobre factores de riesgo es más peligrosa que nunca… (mientras) factores de riesgo con evidencia incuestionable como fumar están matando a más personas que nunca en todo el mundo…, en vez de hacer frente a estos importantes retos para la salud pública, nos dedicamos a la producción de nuevos y espurios factores de riesgo a través de falsos positivos.. confundiendo correlación con causalidad, los datos son dragados de las bases de datos y acaban echando gasolina a las Guías de Práctica Clínica” (ver referencia arriba)

Ioannidis también denuncia como la epidemiología se está utilizando para defender intereses comerciales:

Las empresas más agresivas e insolentes intentan minimizar o incluso anular el riesgo de sus productos. Uno es atrapado entre Escila y Caribdis y debe tratar de navegar entre ellos. A veces recibo invitaciones de abogados para que declare a favor de la seguridad de algún producto. Siempre las rechazo.

El juicio clínico amenazado

Ioannidis recupera la definición de MBE de Sackett para enfatizar la importancia que la experiencia clínica sigue teniendo en la toma de decisiones y las grandes presiones que hoy está sufriendo para que prevalezca un juicio equilibrado:

”Muchos de mis mejores aliados en los últimos años han sido los médicos que conocen de primera mano cuáles son los principales problemas de los enfermos y lo que realmente importa para la salud y la enfermedad. David, usted definió admirablemente la MBE cuando expresó esta dualidad: ”Se trata de integrar la experiencia clínica individual con la mejor evidencia externa”. Pero ese componente, la experiencia clínica está en crisis. En la mayoría de los países desarrollados, los médicos están bajo una tremenda presión del mercado. Casi todas las discusiones en las reuniones de equipo son para tratar de dinero. Uno puede sentir la presión de diferentes maneras: ofrecer servicios para capturar la mayor cuota de mercado posible (un sinónimo de ”pacientes”); satisfacer a los clientes (sinónimo de ”seres humanos”)… ; realizar más procedimientos o marcar más casillas en las historias electrónicas.. Esto no es lo que creo debería ser la medicina. Esta es una medicina basada ​​en las finanzas. Yo no culpo a nadie. Los médicos no tienen otra opción. Esta es la forma como funciona el mundo”

Demasiada medicina

Para Ioannidis, la utilización de la MBE para ampliar el campo de la medicina en aras de conseguir más cuota de mercado es profundamente dañino:

“¿Está la MBE condenada a ser instrumentalizada para que haya más medicina aunque esto signifique menos salud?… En algunos terrenos, estamos cerca o más allá del punto de inflexión en el que la medicina disminuya en vez de mejorar el bienestar en nuestra sociedad. Algunos excelentes y comprometidos médicos sin duda siguen contribuyendo de manera positiva a la salud y a mejorar la vida de los pacientes. Sin embargo, con el 20% del PIB dedicado a la atención sanitaria de manera tan ineficiente, la falta de evidencias en muchos aspectos y los conflictos que existen con las evidencias de las que disponemos, la medicina y la atención sanitaria se ha convertido en una importante amenaza para la salud y el bienestar”

La emergencia de las pseudociencias

Ioannidis comenta también la dificultad de mantener el equilibrio al criticar la mala ciencia biomédica sin por ello apoyar las pseudociencias:

”Hay tantos charlatanes en la televisión; presentadores y estrellas de cine son ahora entrenadores de salud y negacionistas de la ciencia (por ejemplo, del cambio climático, el VIH, de las vacunas..); uno tiene que andar con mucho cuidado. Debemos evitar una guerra civil en la forma de interpretar las evidencias dentro de las ciencias de la salud cuando tantos pseudocientíficos y dogmáticos están tratando de explotar a las personas y a las poblaciones atacando a la ciencia.”

¿Hay esperanza?

Termina Ioannidis su conversación con Sackett con una amarga reflexión final:

“David, le dije que era una fracasado cuando empezamos esta conversación y soy un fracaso aún mayor ahora, casi 12 años después… El PIB dedicado a la atención sanitaria no deja de aumentar; los ensayos clínicos espurios y los meta-análisis aún más espurios siguen aumentando geométricamente y publicándose a un ritmo cada vez mayor; las Guías de Práctica Clínica sesgadas son más influyentes que nunca; falsos factores de riesgo son graznados cada día; las pseudociencias son cada vez más visibles mientras aproximadamente el 85% de la investigación biomédica se desperdicia” (ver arriba referencia).

Y continua:

“Todavía me gusta la ciencia enormemente; centrarme en las ideas y los métodos rigurosos, basados en las matemáticas y la estadística; trabajar en mis extraños (y, probablemente, sesgados) escritos que alterno con una desesperada poesía; y sigo aprendiendo de los jóvenes talentosos. Y sigo fantaseando con algún lugar donde la práctica de la medicina todavía pueda ser útil para los seres humanos y la sociedad en general. ¿Tiene que ser un lugar muy remoto en el norte de Canadá, cerca de la Ártico? ¿O en alguna aislada y hermosa isla griega donde cada día llegan flotando a la playa cadáveres de desgraciados refugiados aunque no se haya librado ninguna batalla naval? ¿Hay todavía un lugar para que el pensamiento racional y la evidencia puedan ayudar a los humanos?”

A pesar de su sensación de fracaso, para Ioannidis, sigue mereciendo la pena el proyecto:

“Por desgracia, no me puede responder ya, David, pero espero que no tengamos que seguir escapando a los rincones más lejanos de la geografía o la imaginación. Veinticinco años después de su lanzamiento, debería ser posible que alguien, en algún lugar practicara la MBE; en todo caso, sigue valiendo la pena intentar que ocurra”.

Traducción y edición de Abel Novoa

Contra la ciencia neoliberal, ciencia para el pueblo


Reproducimos aquí un artículo aparecido en el blog de CIENCIAS PARA EL PUEBLO, que creo puede ser interesante ahora que en la Universidad de Córdoba se hace tan visible la Ciencia en diferentes espectáculos.

Diego Llanes

 Contra la ciencia neoliberal, ciencia para el pueblo

 NOTA: publicamos en el blog un texto que nos encargaron y que no queremos que quede inédito. Es una explicación histórica y política de la existencia de nuestro colectivo.

La asamblea de Ciencia para el pueblo surge como un colectivo inspirado en la publicación llamada Science for the people. Esta revista fue creada por la British Society for Social Responsibility in Science (BSSRS), donde militaron científicos y activistas como los Premios Nobel Maurice Wilkins y Francis Crick, además de otros académicos como JD Bernal, Julian Huxley o Bertrand Russell.Science for the people también fue el nombre de un colectivo de científicos marxistas en EEUU, implicados en los años 70 en la lucha contra las pseudociencias, la Guerra del Vietnam, las armas nucleares o el apoyo a la revolución nicaragüense.

Consideramos como colectivo que el mundo científico no es más que otro sector atravesado por la precariedad. Como en el resto de sectores, hay también un ejército profesional de reserva cada vez mayor, deseoso de salir del paro, que acepta cada vez condiciones laborales más indignas, haciendo que la ciencia se convierta en un espacio sólo accesible para quienes tienen un enorme colchón social, convirtiéndose de nuevo la actividad científica en un terreno inaccesible a la mayoría de la clase trabajadora. Es necesario que en el sector científico la lucha por unas condiciones dignas comience a ser central.

Ciencia para el pueblo somos un pequeño colectivo de Madrid de científicos en activo o  retirados forzosamente de la carrera académica debido a los recortes,  que enmarca su actividad dentro de la lucha de clases. Queremos impulsar  un espacio para la acción colectiva, el apoyo mutuo y la reflexión para todos los colectivos implicados en la investigación (científicos, técnicos, estudiantes, administrativos,  trabajadores de limpieza o de cafeterías) y de cualquier persona  interesada en la ciencia y en su papel en la sociedad.

Pensamos que académicos y científicos no quieren o no pueden reflexionar sobre las consecuencias de su trabajo. Además debido a su elitismo y clasismo suelen desentenderse de las luchas que se dan en sus mismos centros de trabajo, como las externalizaciones de servicios, o en la sociedad, como el caso de las pseudociencias.

Por tanto, Ciencia para el Pueblo se desmarca de la ciencia elitista y mercantilista al servicio del neoliberalismo. Pero también se desmarca de la izquierda anticientífica que corre a abrazar cualquier creencia supuestamente antisistema. En un artículo reciente criticamos el supuesto carácter alternativo de la homeopatía, demostrando que no es más que otra oportunidad de negocio que cuenta con el completo respaldo del sistema, así como la adhesión inquebrantable que suscita en determinados ambientes de la izquierda.

Alertamos que es más necesario que nunca un nuevo modelo de ciencia. Esta no debe estar dirigida al enriquecimiento de unos pocos, tiene una función social que cumplir. Ha de estar dirigida al conocimiento y a la solución de problemas (de energía, salud, medioambiente…) que permitan mejorar la calidad de vida de todas/os. Este objetivo parece perderse de vista cuando se pide aumento de la financiación sin preguntarse para qué. Hay que derribar la Torre de Marfil en la que muchas veces se encierra el sector científico ya que hay que comunicar y transmitir nuestros conocimientos a la sociedad. De lo contrario, caemos en el error de abandonar el progreso de la ciencia en manos de poderosas editoriales con criterios puramente económicos, en lugar de ser la sociedad la que influya en las líneas de investigación.

Siempre resumimos el mal enfoque que se da en los debates relacionados con el sector científico con esta frase: no es posible un modelo alternativo de ciencia si no subyace en éste un modelo alternativo de sociedad. No se puede luchar contra la mercantilización de la ciencia sin criticar la realidad en el capitalismo tardío. Es imposible revertir el poder de los monopolios editoriales académicos sin un conocimiento profundo de cómo funciona la propiedad intelectual. No se puede detener el trasvase del conocimiento de investigaciones pagadas con dinero público a empresas privadas sin analizar cómo es el actual marco de patentes y propiedad industrial. En definitiva, las posibles soluciones a todos los problemas que aquejan al sector científico se enmarcan dentro de un frente mucho más amplico contra los dogmas neoliberales: mercantilización de todos los aspectos de la vida, desregulaciones y fe en el mercado, privatización y desmantelamiento de todos los servicios públicos.

Al contrario de lo que suelen proclamar muchos científicos con acceso a los medios de comunicación de manera regular, para que exista una verdadera ciencia para el pueblo no sólo es necesario grandes cantidades de dinero público (o privado). Además hay que acometer de una vez la tarea histórica de analizar, denunciar y cambiar radicalmente las diferentes condiciones de explotación, precariedad y jerarquización que se producen dentro de los laboratorios. Además de abordar el sesgo de género que pone en evidencia a los sectores más altos de la jerarquía científica. Los problemas de la ciencia no se arreglan sólo con dinero o, como está tan de moda últimamente, con crowdfundings.

El debate sobre la financiación es aún más sangrante por el esperpento del gasto militar. Recordamos  que según el Centre Delàs el gasto militar real del año 2015 fue  superior en un 121% al presupuesto aprobado inicialmente. El gasto  militar del estado se encuentra minusvalorado dentro de los Presupuestos  Generales del Estado en algunas partidas, que luego son ampliadas  posteriormente sin ningún control. Además estas partidas se encuentran  repartidas, cuando no camufladas entre otros ministerios. Estas  prácticas son habituales todos los años y obedecen a un objetivo:  esconder el gasto militar real para que no haya un control efectivo de  este, ya que se aprueban unas cuentas muy inferiores al presupuesto real militar.

 La última actividad de Ciencia para el pueblo en esta linea ha sido el plantear una colaboración estable con el movimiento antimilitarista. Hemos comenzado a trabajar con la Asamblea Antimilitarista de Madrid con el objetivo de denunciar el gasto militar, en concreto, el I+D militar. Además, hemos impulsado conjuntamente la Cláusula contra el uso militar de la ciencia:

No se permite el uso de esta investigación con ningún fin militar y a ningún ejército o fuerzas y cuerpos de seguridad el estado.

Con esta cláusula se impide el uso de los resultados de cualquier investigación (publicaciones, tesis o tesinas) con fines militares o a ejércitos y fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Tampoco se permite el uso para I+D de carácter militar. Esta claúsula es heredera tanto de la licencia de Software Libre para Uso Civil – SLUC como de la Cláusula de buen uso que impulsó en su momento la Fundació per la pau, proyectos pioneros en este tipo de iniciativas. Con esta cláusula buscamos abrir el debate sobre la colaboración de la ciencia en la carrera armamentísitica y la denuncia del complejo militar-industrial.

Por último, la actividad científica es inseparable de la sociedad y, por tanto, nunca es neutral. Promovemos la  no neutralidad del trabajo científico con acciones como el boicot  académico al estado de Israel que impulsamos desde nuestro colectivo.

 

ENCUESTAS Y CALIDAD DOCENTE


ENCUESTAS Y CALIDAD DOCENTE

Herminio R. Padilla

Doctor en Derecho y profesor de la Universidad de Córdoba
Publicado también en ABC de Córdoba, el 24 de enero de 2015

En Andalucía la Universidad de Córdoba (UCO), como publicó este periódico a principios de diciembre del año pasado, fue pionera (curso 1995/96) en pasar encuestas al alumnado para evaluar a sus docentes. Si la preocupación de quienes ahora nos representan es, como parece, que saliera a la luz un dato real sobre la peor valoración, que en modo alguno implica un suspenso para los profesores de Administración y Dirección de Empresas (ADE) por cuanto el promedio que sacan de 3,63 es sobre un techo de 5 (sobre 10 equivaldría a un 7,26), mal encaminados estamos por cuanto las encuestas a los alumnos no dejan de ser eso, unos simples cuestionarios con 21 ítems que hoy por hoy no miden –en contra de lo que algunos dicen o piensan– indicio de calidad alguno y que, además, siguen arrastrando los déficits o carencias detectados cuando se inició el nuevo modelo de enseñanza basado en créditos ECTS (Sistema Europeo de Transferencia de Créditos).

Ya en 2007, el entonces vicerrector de Planificación y Calidad decía en este periódico que el sistema de encuestas que se realizaba entre los alumnos debería ser mejorado y modificado. Hoy, siete años después, las preguntas que se les hacen a los alumnos siguen siendo las mismas, muchas de ellas inútiles y sin que se haya puesto remedio al grave problema de las encuestas, esto es, a la baja o nula participación de los alumnos al rellenarlas (en mi caso la encuesta se ha pasado la última semana de clase, cuando la inmensa mayoría de ellos están ya enclaustrados preparando los exámenes), lo que claramente provoca que sus resultados sean engañosos. Añádase a ello el que, por mucho Plan Bolonia que se aplique, en titulaciones como Derecho y ADE, con grupos de más de cien alumnos, se juega en otra liga frente a titulaciones en las que puede haber por grupo treinta o incluso menos alumnos.

Quien es profesor de Universidad no debería nunca olvidar que su trabajo se lo debe justamente a los alumnos. Recuérdese, como nos dice Julien Théry, que las universidades nacieron cuando maestros y estudiantes –magistri y scolares– decidieron organizarse en asociaciones profesionales («universitas», que designaba la totalidad o el conjunto de los miembros de un grupo) para defender sus intereses ante las autoridades de las ciudades, y que en un principio los ingresos de los profesores procedían de sus alumnos, sobre todo de los que pagaban al hacer los exámenes. Por eso unas encuestas con preguntas bien formuladas son importantes para el profesor, pues le permiten corregir aquello que no gusta a quienes reciben sus enseñanzas.

La calidad y prestigio de una Universidad con sus docentes, sin embargo, no pasa por encuestar a los alumnos sino por cambiar el nefasto sistema de acceso a esta profesión, que en más casos de los deseables hace precisamente que no lleguen los mejores, y también en no pervertir la figura del profesor asociado, buscando y conservando, cuando no mimando y pese a las dificultades económicas que en un momento determinado puedan existir, a aquellos buenos profesionales que realmente con su sapiencia y experiencia laboral pueden aportar bastante a la Universidad. Los alumnos seguro además que lo agradecerán.

La burbuja científica y tecnológica: mercantilización, control del conocimiento y oportunismo…


Artículo tomado del blog: http://crashoil.blogspot.com.es/

La burbuja científica y tecnológica: mercantilización, control del conocimiento y oportunismo…

22-01-14, by Jokin_Zabal@

Jokin_Zabal@ es el alter ego de José Anastasio Urra Urbieta, Profesor Titular de Organización de Empresas en la UV, miembro de ATTAC País Valencià, delegado sindical de CGT, y autor del libro “Las mentiras de la crisis… ¿Una anécdota en el ciberespacio..?, by Jokin_Zabal@” (http://www.attacpv.org/public/www/web3/images/file/LasMentirasDeLaCrisis.pdf).

  
Resulta sorprendente comprobar la generalización de instituciones mundiales y personas que entonan el mantra del crecimiento económico, sin considerar sin embargo las restricciones físicas de tal crecimiento en una biosfera finita y limitada, como solución a todos los males socioeconómicos de nuestro tiempo, desde empresarios, gobiernos y políticos a personas votantes de todas las tendencias políticas en todos los territorios, pasando por los principales sindicatos mayoritarios. No menos asombroso resulta el creciente número de instituciones y personas que, ante los problemas socioeconómicos y ecológicos que atravesamos, confía casi ciegamente, en alarde de verdaderos actos de fe, en la ciencia, el conocimiento y la tecnología como motores de ese crecimiento y piedra filosofal frente a todas las penurias y retos.

Sin embargo, si consideramos los grandes retos a los que nos enfrentamos, el cambio climático antropogénico, la sobrecarga de los ecosistemas, y la crisis energética, y, al tiempo, el estado actual de la ciencia, el conocimiento y la tecnología, estamos jodidos, doblemente jodidos.

Sin siquiera entrar a valorar las restricciones que el cambio climático antropógeno o la sobrecarga de los ecosistemas están ya introduciendo en todo nuestro planeta, y que solo van a aumentar en las próximas décadas, la Agencia Internacional de la Energía (IEA, por sus siglas en inglés), como es sabido, o debería, reconoció explícitamente por primera vez en su informe World Energy Outlook de 2010 que el “pico” mundial del petróleo, o momento a partir del cual la tasa de producción mundial de petróleo comienza a declinar irreversiblemente, se produjo en el año 2006. En el World Energy Outlook de 2013, la IEA ya afirma que, en ausencia de inversión adicional [sic], en 2035 nos tendremos que “apañar” con una producción de petróleo de un escaso 18% de la disponibilidad actual, que roza los 75 mbd (millones de barriles diarios). Considerar el cambio climático que ya hemos provocado, la ecológicamente insoportable presión de nuestro modelo de desarrollo económico sobre los ecosistemas, y el “pico” del petróleo, como no lo estamos haciendo, supone aceptar que estamos jodidos, pues con tales restricciones y escasas posibilidades de sustitución energética, muchas cosas deben cambiar en muy poco tiempo para que en pocos años podamos organizarnos socioeconómicamente sin caer en un colapso civilizatorio, ya iniciado por otra parte, insalvable.

Pero si frente a la realidad de tal escenario consideramos adicionalmente el estado actual de la ciencia, el conocimiento y la tecnología, estamos doblemente jodidos. Y lo estamos porque la ciencia, el conocimiento  y la tecnología, que son las herramientas sobre las que podríamos, y deberíamos, apalancar el formidable cambio sin precedentes al que nos enfrentamos, en la actualidad están siendo controladas políticamente, mercantilizadas y presas de un oportunismo exacerbado, prostituyéndose así al Business As Usual, o al “más de lo mismo que nos ha traído hasta aquí”, y generado una burbuja científica y tecnológica, similar a la burbuja económica y financiera que ya conocemos, que en un futuro no lejano muy probablemente solo puede reventar.

En este sentido apuntan las recientes declaraciones en Financial Times del profesor de la Universidad de Manchester, y ganador del Nobel 2010 en Física por su descubrimiento del grafeno, material tan de moda, Andre Geim, cuando nos alerta de que “Temamos, temamos mucho, la crisis tecnológica” en que nos hemos ido instalando durante las últimas décadas. Con motivo de la celebración del Foro Económico Mundial de 2012 en Davos, Geim describe cómo la creciente mercantilización del conocimiento científico y búsqueda del beneficio rápido en detrimento de la investigación científica pura, o de base, durante las últimas décadas nos ha llevado a una reducción alarmante, y de tremendas implicaciones, de la tasa mundial de descubrimientos científicos.

Lamentablemente, son malas pero no nuevas noticias. En 2005, en uno de los estudios de mayor alcance sobre la evolución mundial de la tecnología, y sorprendentemente poco divulgado, publicado en una de las principales revistas académicas mundiales sobre tecnología y negocios, Jonathan Huebner, un científico independiente, físico para más señas, demostró con una elevada certeza, tal como refleja la figura adjunta a estas líneas, que la innovación tecnológica radical, aquélla que tiene un amplio impacto socioeconómico capaz de producir hitos en el desarrollo y el progreso de la humanidad, tuvo su “pico” en 1873 [sic], año desde el cual la tasa mundial de innovación radical no ha parado de declinar. Evidentemente, estos resultados no agradaron nada en determinados círculos próximos a la industria, y los resultados de Huebner han intentado ser contrargumentados y refutados en numerosas ocasiones desde su publicación, aunque con bastante poco éxito. De ser ciertos y consistentes, como parecen, la experiencia e intuición de Andre Geim solo vendría a ratificar una tendencia bastante más pesada que “unas cuantas décadas”.

Por si el escenario que describen tales investigaciones y casuística no fuese suficientemente gris, un número creciente de científicos e intelectuales se aproximan, cada vez más, a  esta perspectiva de nuestra realidad, llegando incluso más lejos al plantear una hipótesis más sobrecogedora: no se trata sólo de que la tasa de descubrimiento científico haya disminuido, y sea menor por tanto, sino que la cantidad absoluta de progreso científico en su conjunto puede bien ser inferior a medida que trascendemos en el tiempo. Es la hipótesis que mantienen y argumentan fundamentadamente el doctor en medicina y profesor de psiquiatría evolutiva en la Universidad de Newcastle, Bruce Charlton, o el analista de sistemas cibernéticos y programador de software Anthony Burgoyne, entre otros, además de ofrecernos innumerables claves y pistas sobre cómo hemos llegado a esta situación.

Según Charlton, la clave se encuentra, de nuevo, en una mercantilización del conocimiento científico que ha incentivado una “profesionalización” de la ciencia y del trabajo científico, y generado un oportunismo colectivo que ha llevado a convertir en “papel moneda” la publicación de artículos intranscendentes en las revistas académicas, confundiendo colectivamente el verdadero crecimiento  del conocimiento y avance científico con una mera expansión de “chismes y cosas sin valor” [sic].

Esto mismo es lo que estamos presenciando, observando y denunciando algunos en nuestro contexto nacional, soportando de cerca, a la vez, el oportunismo y la arrogancia de muchos cuyo único fin parece ser medrar en la carrera universitaria y/o política, y de una gran mayoría que aspira simplemente a mantener o mejorar su statu quo. Mientras se reduce la financiación a la universidad y a los centros de investigación públicos, como el CSIC, joya de nuestra corona de la investigación, se gratifica a las universidades privadas, con una prácticamente nula capacidad de investigación, y se aprovechan los recortes para conceder un papel más determinante aún en toda la actividad universitaria a la evaluación de la actividad investigadora del personal universitario, que en España se realiza desde hace años mediante los llamados sexenios (complementos salariales que nacieron para retribuir la productividad investigadora, y que han acabado convirtiéndose en medida de su “calidad” y requisito de promoción y desarrollo de carrera) y los procedimientos de acreditación que llevan a cabo la ANECA (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación) y las agencias de evaluación autonómicas.

Sin ambages, soy totalmente partidario de que se evalúe la actividad docente e investigadora de los universitarios y científicos, funcionarios o no, pero no de que dicha evaluación se convierta en un elemento de control político oscuro y discrecional que incentive y legitime el “sálvese quien pueda” y que castigue a cualquiera cuya motivación sea el mero placer del descubrimiento científico y el avance de la ciencia por encima, y más allá, del valor económico inmediato o la “conveniencia” de los resultados de la investigación.

Además de contribuir a una enorme burbuja de previsibles consecuencias, tal control político, mercantilización y perversión de la ciencia y del proceso científico produce paradojas significativas. Como apunta el profesor Juan Torres, la investigadora Saskia Sassen, que recibió recientemente el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, una de las científicas más importantes de nuestra época, no ha conseguido ningún sexenio, ninguna acreditación, frente a los criterios de nuestras agencias de evaluación, que anteponen siempre el mismo criterio, las publicaciones JCR (Journal Citation Reports) en los últimos cinco años. Sassen no tiene ninguna, sino que ha publicado libros e informes, fruto de proyectos de investigación de verdad y referencias fundamentales para académicos comprometidos, y ha publicado numerosos artículos en medios de gran difusión, pero se ha resistido a la práctica de inflar su currículum con artículos estandarizados sin interés ni lectores, más allá de círculos de amigos de citación mutua y catedráticos con insaciables ansias de medrar al precio que sea.

Pero, cuando la burbuja científica estalle, ¿qué quedará tras la explosión…? Como el profesor Charlton afirma, tal vez sólo la vieja ciencia, la de una era en la que la mayoría de científicos eran al menos honestos tratando de descubrir la verdad sobre el mundo natural.

En el mejor de los casos podríamos padecer un retroceso científico de varias décadas más que de unos pocos años, pero probablemente sea bastante peor que eso

EL TRIBUNAL DE CUENTAS (TC) PIDE DATOS A LAS UNIVERSIDADES.


Incluyo una noticia sacada del diario Las Provincias  del 5 de Mayo de 2013.

http://www.lasprovincias.es/v/20130505/comunitat/tribunal-cuentas-fiscaliza-gestion-20130505.html

¿Ha sido incluida la UCO en esta petición?  ¿Ha sido informado el Consejo de Gobierno?

Quizás durante las celebraciones del cuarenta aniversario de la UCO fue tema de conversación de las animadas tertulias.

En última instancia el tema puede carecer de importancia. El TC después no usará para nada la información y aquí todos contentos. Aunque Wert podría tener malas intenciones y fastidiar a los gestores universitarios andaluces que, como otros muchos, están (estamos) en contra de sus políticas. Aunque no sabemos realmente que otras políticas proponen estos gestores para salir de la crisis, si exceptuamos la de seguir recibiendo y gastando dinero público sin rendir cuentas.

Saludos
Diego

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LAS UNIVERSIDADES ANDALUZAS TRAS LA REDUCCIÓN DE RETRIBUCIONES


Como aplicación del artículo 11 de la Ley 3/2012 de la Junta de Andalucía,* los complementos autonómicos reciben recortes que llegan al 50% en el PDI funcionario, que los recibe, pues se trata de una reducción del 5% sobre los ingresos totales y no sobre el mencionado complemento.

Quiero añadir que una vez vistos los recortes en las nóminas, el colectivo más perjudicado económicamente en términos proporcionales es el de aquellos profesores,  que por una causa (juventud), u otra (falta de méritos),  consiguieron pocos tramos de los complementos autonómicos, lo que representaba alrededor de 1500 euros en Marzo y Octubre, con el método del 5%  han tenido recortes de más de 1000 euros, esto implica una reducción del  70% o más en los complementos autonómicos, en tanto que los que tenían el máximo de tramos en los complementos, unos 3000 euros en los mismos meses, tiene recortes del 30 al 50%. Como puede verse todo un ejercicio de progresividad. Las chapuzas tienen estas cosas, y de chapuzas parecen saber bastante nuestros gestores.

No me queda claro si la aplicación de este artículo se realiza por la Universidad de Córdoba  en virtud de su autonomía tras decidirlo el Consejo de Gobierno y el Consejo Social, o por el contrario viene impuesto por las competencias de la Comunidad Autónoma de Andalucía y el Gerente lo firma en su deseo de  informar.

Las reducciones afectarán a todo el PDI laboral, incluido sustitutos interinos, a todo el  PAS funcionario y laboral, incluso a todo el Personal contratado con proyectos varios, pero no al PDI funcionario que carezca de complementos, que así vienen a convertirse en el personal mimado de la Junta de Andalucía.

Lo acontecido viene a demostrar el fracaso de las políticas de estimulo de la “excelencia universitaria andaluza”, y por tanto habría llegado el momento de trabajar sobre bases distintas en nuestras universidades.

Es hora de que el gobierno andaluz ofrezca propuestas y soluciones para la universidad andaluza realmente existente en la crisis económica. Por ejemplo nuestras autoridades continúan apoyando una Bolonia que se aplica gracias a profesores sustitutos interinos, mal pagados, precarios y de dudosa legalidad, profesorado que solo existe en Andalucía.

El gobierno andaluz debe poner freno a un deterioro de la institución que solo beneficia a los enemigos de lo público, debe ser transparente en sus decisiones, y obligar a los gestores universitarios a serlos también, y sobre todo olvidar esa otra universidad que se inventan cada día en los medios de propaganda.

Muchos percibimos ese proceso de descomposición de la institución pública y además no tenemos medios desde dentro para ponerle remedio, ¿o sí?

Saludos

Diego

Para aumentar mi desconcierto sobre el modelo de universidad que persigue la Junta para Andalucía he leido hoy que:

Según informó la Junta, los representantes de Loyola Andalucía agradecieron a Griñán su respaldo personal e institucional en la creación y la puesta en marcha de esta iniciativa académica:

“Sin el apoyo decidido que ha mostrado el presidente Griñán, desde el inicio del proyecto en el año 2010, esta universidad no hubiera sido posible”, afirmó el rector.

La noticia completa en:

http://www.diariocordoba.com/noticias/cordobalocal/grinan-reclama-de-loyola-una-apuesta-firme-por-andalucia_790519.html

* Artículo 11. Retribuciones del personal de las Universidades de titularidad pública competencia de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
1. Al personal docente e investigador y de administración y servicios de las Universidades públicas andaluzas se le aplicará una reducción del 5 % de sus retribuciones periódicas íntegras anuales, que se realizará sobre las retribuciones cuya regulación no sea de competencia estatal.
2. Dicha reducción se llevará a cabo en la forma que se acuerde dentro del ámbito del ejercicio de la autonomía universitaria, y en el ámbito de competencias de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
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