Contra la ciencia neoliberal, ciencia para el pueblo


Reproducimos aquí un artículo aparecido en el blog de CIENCIAS PARA EL PUEBLO, que creo puede ser interesante ahora que en la Universidad de Córdoba se hace tan visible la Ciencia en diferentes espectáculos.

Diego Llanes

 Contra la ciencia neoliberal, ciencia para el pueblo

 NOTA: publicamos en el blog un texto que nos encargaron y que no queremos que quede inédito. Es una explicación histórica y política de la existencia de nuestro colectivo.

La asamblea de Ciencia para el pueblo surge como un colectivo inspirado en la publicación llamada Science for the people. Esta revista fue creada por la British Society for Social Responsibility in Science (BSSRS), donde militaron científicos y activistas como los Premios Nobel Maurice Wilkins y Francis Crick, además de otros académicos como JD Bernal, Julian Huxley o Bertrand Russell.Science for the people también fue el nombre de un colectivo de científicos marxistas en EEUU, implicados en los años 70 en la lucha contra las pseudociencias, la Guerra del Vietnam, las armas nucleares o el apoyo a la revolución nicaragüense.

Consideramos como colectivo que el mundo científico no es más que otro sector atravesado por la precariedad. Como en el resto de sectores, hay también un ejército profesional de reserva cada vez mayor, deseoso de salir del paro, que acepta cada vez condiciones laborales más indignas, haciendo que la ciencia se convierta en un espacio sólo accesible para quienes tienen un enorme colchón social, convirtiéndose de nuevo la actividad científica en un terreno inaccesible a la mayoría de la clase trabajadora. Es necesario que en el sector científico la lucha por unas condiciones dignas comience a ser central.

Ciencia para el pueblo somos un pequeño colectivo de Madrid de científicos en activo o  retirados forzosamente de la carrera académica debido a los recortes,  que enmarca su actividad dentro de la lucha de clases. Queremos impulsar  un espacio para la acción colectiva, el apoyo mutuo y la reflexión para todos los colectivos implicados en la investigación (científicos, técnicos, estudiantes, administrativos,  trabajadores de limpieza o de cafeterías) y de cualquier persona  interesada en la ciencia y en su papel en la sociedad.

Pensamos que académicos y científicos no quieren o no pueden reflexionar sobre las consecuencias de su trabajo. Además debido a su elitismo y clasismo suelen desentenderse de las luchas que se dan en sus mismos centros de trabajo, como las externalizaciones de servicios, o en la sociedad, como el caso de las pseudociencias.

Por tanto, Ciencia para el Pueblo se desmarca de la ciencia elitista y mercantilista al servicio del neoliberalismo. Pero también se desmarca de la izquierda anticientífica que corre a abrazar cualquier creencia supuestamente antisistema. En un artículo reciente criticamos el supuesto carácter alternativo de la homeopatía, demostrando que no es más que otra oportunidad de negocio que cuenta con el completo respaldo del sistema, así como la adhesión inquebrantable que suscita en determinados ambientes de la izquierda.

Alertamos que es más necesario que nunca un nuevo modelo de ciencia. Esta no debe estar dirigida al enriquecimiento de unos pocos, tiene una función social que cumplir. Ha de estar dirigida al conocimiento y a la solución de problemas (de energía, salud, medioambiente…) que permitan mejorar la calidad de vida de todas/os. Este objetivo parece perderse de vista cuando se pide aumento de la financiación sin preguntarse para qué. Hay que derribar la Torre de Marfil en la que muchas veces se encierra el sector científico ya que hay que comunicar y transmitir nuestros conocimientos a la sociedad. De lo contrario, caemos en el error de abandonar el progreso de la ciencia en manos de poderosas editoriales con criterios puramente económicos, en lugar de ser la sociedad la que influya en las líneas de investigación.

Siempre resumimos el mal enfoque que se da en los debates relacionados con el sector científico con esta frase: no es posible un modelo alternativo de ciencia si no subyace en éste un modelo alternativo de sociedad. No se puede luchar contra la mercantilización de la ciencia sin criticar la realidad en el capitalismo tardío. Es imposible revertir el poder de los monopolios editoriales académicos sin un conocimiento profundo de cómo funciona la propiedad intelectual. No se puede detener el trasvase del conocimiento de investigaciones pagadas con dinero público a empresas privadas sin analizar cómo es el actual marco de patentes y propiedad industrial. En definitiva, las posibles soluciones a todos los problemas que aquejan al sector científico se enmarcan dentro de un frente mucho más amplico contra los dogmas neoliberales: mercantilización de todos los aspectos de la vida, desregulaciones y fe en el mercado, privatización y desmantelamiento de todos los servicios públicos.

Al contrario de lo que suelen proclamar muchos científicos con acceso a los medios de comunicación de manera regular, para que exista una verdadera ciencia para el pueblo no sólo es necesario grandes cantidades de dinero público (o privado). Además hay que acometer de una vez la tarea histórica de analizar, denunciar y cambiar radicalmente las diferentes condiciones de explotación, precariedad y jerarquización que se producen dentro de los laboratorios. Además de abordar el sesgo de género que pone en evidencia a los sectores más altos de la jerarquía científica. Los problemas de la ciencia no se arreglan sólo con dinero o, como está tan de moda últimamente, con crowdfundings.

El debate sobre la financiación es aún más sangrante por el esperpento del gasto militar. Recordamos  que según el Centre Delàs el gasto militar real del año 2015 fue  superior en un 121% al presupuesto aprobado inicialmente. El gasto  militar del estado se encuentra minusvalorado dentro de los Presupuestos  Generales del Estado en algunas partidas, que luego son ampliadas  posteriormente sin ningún control. Además estas partidas se encuentran  repartidas, cuando no camufladas entre otros ministerios. Estas  prácticas son habituales todos los años y obedecen a un objetivo:  esconder el gasto militar real para que no haya un control efectivo de  este, ya que se aprueban unas cuentas muy inferiores al presupuesto real militar.

 La última actividad de Ciencia para el pueblo en esta linea ha sido el plantear una colaboración estable con el movimiento antimilitarista. Hemos comenzado a trabajar con la Asamblea Antimilitarista de Madrid con el objetivo de denunciar el gasto militar, en concreto, el I+D militar. Además, hemos impulsado conjuntamente la Cláusula contra el uso militar de la ciencia:

No se permite el uso de esta investigación con ningún fin militar y a ningún ejército o fuerzas y cuerpos de seguridad el estado.

Con esta cláusula se impide el uso de los resultados de cualquier investigación (publicaciones, tesis o tesinas) con fines militares o a ejércitos y fuerzas y cuerpos de seguridad del estado. Tampoco se permite el uso para I+D de carácter militar. Esta claúsula es heredera tanto de la licencia de Software Libre para Uso Civil – SLUC como de la Cláusula de buen uso que impulsó en su momento la Fundació per la pau, proyectos pioneros en este tipo de iniciativas. Con esta cláusula buscamos abrir el debate sobre la colaboración de la ciencia en la carrera armamentísitica y la denuncia del complejo militar-industrial.

Por último, la actividad científica es inseparable de la sociedad y, por tanto, nunca es neutral. Promovemos la  no neutralidad del trabajo científico con acciones como el boicot  académico al estado de Israel que impulsamos desde nuestro colectivo.

 

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