El régimen andaluz.


He entresacado esta parte de un artículo de Gustavo Buster, ya que refleja lo que pienso de nuestra tierra.

  1. el artículo completo con los links está en:

http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=7980

Esta subordinación de la política andaluza a la más general del Reino de España –la peor pesadilla de los distintos regímenes autonómicos y sus barones territoriales – no debe hacer perder de vista las características especificas del modelo andaluz. En definitiva son ellas las que están en el origen de la crisis política iniciada con imputación de funcionarios y políticos de la Junta en el caso de los ERE que provocó las dimisiones sucesivas de Chaves y Griñán, la elección de Susana Díaz, la formación de un gobierno de coalición con IU –a condición de que se crease una comisión de investigación en el Parlamento andaluz- la crisis del gobierno de coalición por las contradicciones internas insalvables en IU, la “maniobra táctica” por la estabilidad de Susana Díaz y la actual situación de bloqueo en el Parlamento andaluz a la formación de un gobierno minoritario del PSOE.

Reconocer estas características del “régimen andaluz” es adentrarse en la complejidad del estado de las autonomías en la Constitución de 1978, más allá de la pretensión de excepcionalidad que se atribuye a Cataluña o el País Vasco por la importancia de las fuerzas políticas nacionalistas. Después de 35 años de gobierno continuado de Andalucía, la huella del PSOE ha sido determinante en la configuración de su actual estructura económica y social, en un proceso de cambio desde los finales del franquismo en el que era un ejemplo de un “desarrollo del subdesarrollo” que hundía sus raíces en una estructura de propiedad agrícola que se remontaba a la reconquista, primero, y a la desamortización del siglo XIX, después, con un desarrollo industrial cortocircuitado desde finales del siglo XIX hasta entrados los años 60 del siglo pasado.

Esta descripción puede resultar un poco apocalíptica. Pero basta comparar algunas cifras en la gestión de la Gran Recesión en la región más poblada del Reino: tasas de paro del 34,7% (25% en España), de pobreza del 38,3% (27,3), de pobreza infantil del 45,3% (32,6%), de 980 euros per capita de gasto sanitario (1.205) -ver aqui y aqui Ello a pesar de una balanza fiscal con el resto de las autonomías que suponía transferencias del 4,29% del PIB en 2005 y un endeudamiento total que, con la crisis, ha pasado del 24% en 2007 al 97% en 2013.

La evolución del gasto público de la Junta de Andalucía, desde un mero 5% de su PIB en 1985, hasta alcanzar el 22% del PIB en 2010, es la crónica del despliegue de una red clientelar específica de un “capitalismo de amiguetes” peculiar, ligado al desarrollo de una sanidad y una educación públicas con sectores privados concertados y subvenciones a sectores agro-industriales y manufactureros ligados a la exportación y la energía, al tiempo que se dejaba caer sectores industriales públicos, como la construcción naval. Todo ello en paralelo al mantenimiento de bolsas de campesinos sin tierras, mantenidos gracias al PER, con el argumento adicional de evitar una concentración urbana inmanejable en pleno hundimiento de su salida tradicional en el sector de la construcción (Ver la colección de los Informes económicos y financieros de la Junta).

Esa estructura clientelar –que está detrás de la explicación no solo de porqué se produjeron las subvenciones irregulares a los ERE sino también de porqué el Parlamento andaluz los aprobó sin objeciones durante 10 años- ha salido fuertemente dañada de la crisis. El gasto social público de la Junta es un componente esencial para importantes sectores de la población en el mantenimiento de un nivel de vida cuando parten de un ingreso per capita que le sitúa en el puesto 18 de las comunidades autónomas.

Para estos sectores de la población andaluza, el PSOE al frente de la Junta, después de 35 años, es a falta de una alternativa de gobierno a su izquierda, un “mal menor” capaz de asegurar en ciclos alcistas una serie de transferencia fiscales gracias a la aportación de los votos del PSOE andaluz a la mayoría necesaria para los gobiernos del PSOE en el estado central. Y durante la crisis, un “neoliberalismo de rostro humano” justificado en el miedo a una Junta en manos del PP como representante de los intereses de los sectores más reaccionarios de la burguesía andaluza. Esta ha sido en definitiva la raíz estructural del “felipismo” y el mantenimiento de su influencia tanto en la Junta de Andalucía como en el PSOE, como fue patente en el 38º congreso del partido en Sevilla en 2012. Ese “felipismo” es el que continua operando en las “maniobras tácticas” de Susana Díaz y que parece entrar ahora en un callejón sin salida, que es una muestra más de la crisis del régimen del 78.

Gustavo Buster es miembro del comité de redacción de Sinpermiso

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