TRANSGENICOS Y PERIODISMO.


Aunque un poco largo, los detalles lo hacen necesario, el artículo de Manuel Ruiz Perez me parece de lo mejor que he leido sobre transgenicos e información. Digo esto por tres razones.

1ª Demuestra como el tema transgénicos es uno de los temas tabú en nuestra Ciencia.

2ª Da pistas de algo que yo pienso hace años y es que las Escuelas de Agrónomos y los centros de investigación en España están ampliamente financiados por Monsanto y compañeras. No en balde España es el país con más extensión de cultivos transgénicos de Europa. Y para ello se hace necesario que intervengan en el negocio investigadores de toda ideología.

3º Los medios de comunicación también están al servicio de estas empresas. La forma de enfocar el tema por parte del defensor de la comunidad de lectores del diario.es es una prueba más.

Un saludo
Diego

 

De electricidad, transgénicos y periodismo

Manuel Ruiz Pérez

Departamento de Ecología – Universidad Autónoma de Madrid

Madrid, 27 de junio de 2014

 

Los días 26 y 28 del pasado mes de mayo ElDiario.es publicó sendas entrevistas de Raúl Rejón a Elena Álvarez-Buylla y a José Miguel Mulet (http://www.eldiario.es/sociedad/transgenicos-defensa-investigador-mulet_0_264923935.html) criticando y defendiendo los cultivos transgénicos respectivamente. Cada entrevista generó un fuerte debate en los comentarios, con tonos y grados de acierto muy variados, lo que junto a algunas quejas al periódico aparentemente indujo a José Cervera, Defensor de la Comunidad, a terciar en el asunto con una nota titulada “La electricidad y los transgenicos” (http://www.eldiario.es/defensor/electricidad-transgenicos_6_266033408.html). Creo que publicar las entrevistas fue un acierto (aunque no comparto algunos puntos de vista expresados en ellas) pero la nota del Defensor de la Comunidad me ha dejado perplejo y me ha impulsado a redactar esta respuesta.

El Sr. Cervera mantiene que ‘…hay razones por las cuales discutir el modo como se introduce ésta (o cualquier otra) tecnología sin demonizar a la tecnología misma y sin difamarla con afirmaciones científicamente incoherentes o más que dudosas.’ equiparando crítica a difamación o demonización (nótese la similitud con la afirmación del Sr. Mulet en su entrevista‘…La tecnología en sí es neutra. Y es útil. Lo que ocurre es que se la ha demonizado y se la ha colocado en una discusión ideológica.’). Según el Sr. Cervera, dicha tecnología es rechazada por ‘una especie de visceral temor a la manipulación genética, por una parte’, lo que generaría ‘un no menos visceral rechazo a las posturas anticientíficas y a los razonamientos (paradójicamente) irracionales por la otra’.
El Defensor de la Comunidad comete en mi opinión tres errores: confundir la parte con el todo, asimilando cultivos transgénicos (la parte) a (bio)tecnología (el todo) y equiparando la tecnología transgénica a cualquier otro tipo de modificación genética; dar por sentado que está plenamente demostrada su inocuidad y eficacia, lo que le lleva a tratar de anticientífica e irracional solamente a aquella parte crítica con dicha tecnología; y, en línea con lo anterior, cuestionar solamente las afirmaciones de la Sra. Álvarez-Buylla, aceptando al mismo tiempo la veracidad de las del Sr. Mulet. En las líneas que siguen trataré de ilustrar y corregir lo que entiendo son sesgos impropios del Defensor.
Organismos Modificados Genéticamente: solo una parte, y radicalmente distinta

La base de la domesticación de especies emprendida hace más de 10 milenios es la modificación genética consciente y/o inconsciente de organismos vivos para satisfacer necesidades humanas1 2 3. Este proceso de co-evolución entre los seres humanos y otros organismos vivos4 ha sido llevado a cabo fundamentalmente por cientos de generaciones agricultoras. En las últimas décadas ha experimentado un gran impulso debido al desarrollo científico-tecnológico que ha permitido acelerar los cambios además de introducir nuevas formas de manipulación poco usuales o inexistentes en la naturaleza, obteniendo variedades catalogadas genéricamente como organismos modificados genéticamente (OMG). No es por tanto cierto que haya un temor visceral a la manipulación genética, como tampoco lo es que la única vía de desarrollo biotecnológico sea a través de la transgénesis. Estas afirmaciones solo pretenden desviar la atención y enmarcar el debate en un terreno interesado y sesgado. De hecho, hay técnicas biotecnológicas sofisticadas 5 utilizadas por muchos excelentes investigadores dedicados a la mejora de variedades de plantas y animales que no implican transgénesis.

Sin embargo, los cultivos transgénicos suponen un cambio suficientemente drástico en las distintas trayectorias de domesticación y mejora como para generar riesgos sin precedentes, lo que ha sido reconocido a nivel nacional e internacional. Así, la Unión Europea establece una directiva propia para controlar la liberación de OMG6, que define en el anexo 1A como:
Las técnicas de modificación genética a que se refiere la letra a) del punto 2 del artículo 2 son, entre otras, las siguientes:
1) Técnicas de recombinación del ácido nucleico, que incluyan la formación de combinaciones nuevas de material genético mediante la inserción de moléculas de ácido nucleico -obtenidas por cualquier medio fuera de un organismo- en un virus, plásmido bacteriano u otro sistema de vector y su incorporación a un organismo hospedador en el que no se encuentren de forma natural pero puedan seguir reproduciéndose.
2) Técnicas que suponen la incorporación directa en un organismo de material hereditario preparado fuera del organismo, incluidas la microinyección, la macroinyección y la microencapsulación.
3) Técnicas de fusión de células (incluida la fusión de protoplasto) o de hibridación en las que se formen células vivas con combinaciones nuevas de material genético hereditario mediante la fusión de dos o más células utilizando métodos que no se producen naturalmente.
Igualmente, el Protocolo de Cartagena del Convenio sobre Diversidad Biológica7 establece en el artículo 3(i):
Por “biotecnología moderna” se entiende la aplicación de:
a. Técnicas in vitro de ácido nucleico, incluidos el ácido desoxirribonucleico (ADN) recombinante y la inyección directa de ácido nucleico en células u orgánulos, o
b. La fusión de células más allá de la familia taxonómica,
que superan las barreras fisiológicas naturales de la reproducción o de la recombinación y que no son técnicas utilizadas en la reproducción y selección tradicional.
Definición que también retoman la OMS y la FAO8 en su Codex Alimentarius sobre control de riesgos derivados de las nuevas biotecnologías.
Es pues claro que la percepción de riesgos ambientales, agronómicos y alimentarios no se restringe al ámbito de ONGs con una ‘conservadora desconfianza’ como mantiene el Sr. Cervera, sino que está presente en las actuaciones de organismos internacionales responsables de velar por la calidad ambiental, capacidad de producir alimentos y salud humana. La propia UE defendió la pertinencia de este control en su defensa frente a la queja conjunta presentada ante la Organización Mundial de Comercio por Argentina, Canadá y los EEUU, utilizando para ello profusamente argumentos relativos a los riesgos de estos cultivos9.
No se trata por lo tanto de un problema exclusivamente político como sostienen los Sres. Cervera y Mulet (aunque tiene ciertamente un componente político). Ante esta situación, es legítimo hacerse las siguientes preguntas: ¿Son los lobbies ecologistas tan poderosos como para haber forzado la adopción de estas políticas por parte de organismos internacionales?. ¿Está sobre-regulada la tecnología transgénica, como presenta el Sr Mulet? ¿O hay fundamentos para esta percepción de riesgos que justifican la adopción de regulaciones y medidas de control?
Quiero aclarar en este punto que no soy opuesto a la transgénesis, ni a cualquier otra tecnología que ofrezca opciones de mejora, algo que podría llegar en un futuro con el aumento de la precisión y desarrollo de nuevas biotecnologías10 11 12 . Y además considero positivos logros como el empleo de bacterias modificadas genéticamente para producir insulina humana. Pero es importante que dichas tecnologías ofrezcan mejoras reales, seguras y asequibles, y por el momento, como señalaré a continuación, hay entre dudas razonables y evidencias probadas de que más del 95% de los OMG que se cultivan (los cultivos transgénicos realmente existentes) no cumplen esas condiciones.

Dudas y contestaciones científicas
Dice en su nota el Defensor de la Comunidad que ‘Así, en el caso que nos ocupa algunas afirmaciones de la doctora Álvarez-Buylla se consideran dudosas y han sido contestadas en foros científicos, como la contaminación del maíz autóctono con genes transgénicos que nadie ha conseguido confirmar o la capacidad teratogénica del herbicida Glifosato, cuya publicación se retiró.’ (letra negrita e hipervínculos en el original).
La primera afirmación, que de hecho recoge lo expresado por el Sr. Mulet en su entrevista, es interesante por tres razones: su desactualización; lo que ejemplifica de sociología de la ciencia y capacidad de presión contra aquellas publicaciones y autores que obtienen resultados negativos para poderosos intereses; y por el sesgo y falta de verificación que denota el Sr. Cervera. En 2001 Nature, la revista científica de mayor prestigio, publicó un artículo de Quist y Chapela en que se anunciaba la introgresión de ADN transgénico en variedades de maíz tradicional en México13. Obviamente, el posible riesgo de contaminación genética por maíz transgénico en el país origen de esta importante planta sin que su cultivo hubiese sido aprobado era un asunto serio14 y había que atajar todo atisbo de duda. No es de extrañar que la publicación del artículo desatase una fuerte polémica, cuestionando su validez metodológica y conclusiones. Nature retiró su apoyo al artículo aunque no llegó a retractarlo, y Chapela perdió el derecho a titularidad en su plaza del Departamento de Recursos Naturales de la Universidad de Berkeley.
El investigador reclamó esta decisión alegando entre otros motivos el posible conflicto de interés de Jasper Rine, profesor de Biología Molecular y Celular y prominente miembro del tribunal que le denegó la titularidad. Rine participaba en el proyecto de 25 millones de dólares financiado por Novartis (empresa que posteriormente fue fusionada para crear Syngenta) y había presentado en sus clases el trabajo de Quist y Chapela como ejemplo de mala investigación. La decisión fue finalmente revocada y Chapela consiguió su plaza en mayo de 200515. Ese mismo año un grupo de investigadores anunciaba la ausencia de introgresión en muestras tomadas posteriormente al trabajo de Quist y Chapela16, lo que parecía confirmar las dudas según se hizo eco la propia revista Nature 17, atrayendo una nueva oleada de críticas.
El debate quedó zanjado con un artículo publicado en 2009 18 en el que participó Alvarez-Buylla y que confirmó la presencia de secuencias de ADN de maíz transgénico en variedades tradicionales procedentes de diversas zonas de México, incluida la del trabajo de Quist y Chapela. Nature (ese es el poder de la ciencia) se vió obligada a reconocer el hecho19, resaltando además que el manuscrito original había sido enviado previamente a PNAS (otra revista científica de gran prestigio), y que a pesar de los comentarios favorables de uno de los revisores, el artículo que confirmaba la introgresión de ADN de maíz trangénico en México fue finalmente rechazado por el editor, alegando que otro revisor lo había descartado tras señalar que el trabajo podría ‘gain undue exposure in the press due to a political or other environmental agenda’ (‘ganar exposición indebida en la prensa por intereses políticos o ambientales’). Una publicación más en 2009 de Alvarez-Buylla y su equipo20 complementó estos resultados, que habían sido de hecho anticipados por otros grupos en trabajos previos 21.
Esta sucinta exposición del caso de Quist y Chapela es relevante porque forma parte de una historia de presión contra personas cuyos resultados de investigación contravienen poderosos intereses económicos y/o políticos. Rachel Carson y su denuncia de los plaguicidas 22; John Yudkin y su batalla contra las dietas muy ricas en azúcares 23; Sherry Rowland y Mario Molina, descubridores del agujero de la capa de ozono 24; o Rajendra Pachauri, líder del Panel Intergubernamental de Cambio Climático 25. Todos ellos han sufrido presiones, difamación e incluso el ostracismo promovido por grandes empresas químicas, agroalimentarias o energéticas. Quist y Chapela no han sido los únicos en el caso de los cultivos transgénicos. De nuevo la revista Nature hizo sonar la alarma en 2010 en un artículo que llamaba la atención sobre los abusos sufridos por investigadores cuyos resultados sugieren problemas con estos cultivos 26.
Volviendo a la afirmación del Defensor de la Comunidad acerca de ‘… la contaminación del maíz autóctono con genes transgénicos que nadie ha conseguido confirmar’, como muestra de su rigor científico el Sr. Cervera nos deriva como única referencia a una página del foro de internet ‘Los productos naturales ¡Vaya timo!’ firmada por el Sr. Mulet, lo que induce a pensar que no ha revisado la literatura científica, tomando como sola fuente a una de las partes antes de decretar erróneamente que la contaminación con maíz transgénico no ha sido confirmada.
El tema de la retirada de la publicación sobre los efectos perniciosos del glifosato (principio activo del RoundUp, uno de los herbicidas más empleados, para el que se han diseñado variedades transgénicas tolerantes, lo que permite su empleo masivo sin afectar a la planta transgénica cultivada pero controlando en teoría las malas hierbas) es también ilustrativo de las limitaciones del artículo del Defensor de la Comunidad. De entrada, la página a la que nos remite el hipervínculo corresponde de nuevo al foro ‘Los productos naturales ¡Vaya timo!’ y está también firmada por el Sr Mulet. En este caso, sin embargo, la página hace referencia al trabajo de un equipo argentino liderado por Carrasco 27 publicado en la revista Chemical Research in Toxicology del que no tengo constancia que haya sido retirado (agradecería se me corrigiese si estoy en un error en este punto). El artículo que si ha sido retractado (una retractación es la retirada de un artículo previamente publicado, de modo que sus datos y la referencia al mismo no pueden ya ser utilizados en otras publicaciones científicas) es el de Séralini y su grupo, publicado en Food and Chemical Toxicology (FCT) en 2012 28. En él se anunciaban efectos tóxicos y teratogénicos en ratas alimentadas con una variedad de maíz transgénico durante 2 años (esperanza de vida de ese tipo de ratas) achacables, según dicho estudio, no solo al glifosato sino también a los co-adyuvantes de la mezcla química que constituye el RoundUp. Naukas, la web del propio Sr. Mulet, trae una nota sobre esta retractación.
Ignoro si era intención del Sr. Cervera referirse al artículo de Séralini y, en caso afirmativo, cual ha podido ser la causa del error en el hipervínculo. Lo cierto es que el artículo retractado por FCT generó un auténtico tsunami en el debate sobre los alimentos transgénicos y comenzó a ser criticado pocas horas después de su aparición en la versión on-line de la revista (la prensa española se hacía eco de estas críticas al día siguiente de su aparición) con numerosos científicos pidiendo su retractación. La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) rechazó la validez científica del estudio 29 reafirmando la seguridad alimentaria del maíz NK 603, cuya evaluación, como suele ser habitual, se basa en el estudio de las evidencias aportadas por la empresa propietaria de dicho maíz transgénico, en este caso Monsanto. Al mismo tiempo, y contradictoriamente, la EFSA desarrollaba nuevas directrices 30 para estudios de larga duración en toxicidad crónica, una de las claves del artículo retractado.
Buenos resúmenes de las críticas aparecen en 31 32 33 y una respuesta de los autores al conjunto de críticas en 34. Como puede verse en la carta de retractación enviada por el editor de FCT 35, la revisión no encontró evidencias de fraude o manipulación de datos, centrando sus críticas y motivaciones para la retractación en la representatividad de la muestra y en la idoneidad del tipo de rata empleado en el estudio: ‘Unequivocally, the Editor-in-Chief found no evidence of fraud or intentional misrepresentation of the data. However, there is legitimate cause for concern regarding both the number of animals in each study group and the particular strain selected….Ultimately, the results presented (while not incorrect) are inconclusive, and therefore do not reach the threshold of publication for Food and Chemical Toxicology.’ (‘Sin lugar a duda el Editor Jefe no encontró evidencia de fraude ni de tergiversación intencionada de los datos. Sin embargo, hay fundamento legítimo de preocupación en lo que concierne al número de animales utilizados en el experimento y la variedad de rata escogida para el mismo… En última instancia, los resultados presentados (aunque no incorrectos) no son concluyentes y no cumplen por tanto los criterios de publicación de Food and Chemical Toxicology’).
La retractación de un artículo original publicado que no evidencia fraude, manipulación de datos, plagiarismo o conducta antiética ha sido considerada como contraria a las directrices del Comité sobre Etica de las Publicaciones (COPE 36) por diversas ONGs y grupos de científicos a título individual (ver por ejemplo el caso de un ex-miembro del comité editorial de la propia revista FCT 37), de asociaciones como la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER38), o incluso investigadores críticos con dicho trabajo 39. Aunque un editor puede decidir no publicar un manuscrito enviado a la revista, no es común la retirada del mismo una vez aceptado y publicado en base a criterios de falta suficiente de evidencias.
Un análisis detallado comparando los tres trabajos realizados sobre la seguridad para el consumo de este maíz (los datos suministrados por Monsanto tras la exigencia de Séralini de que fuesen hechos público, el artículo de Hammond et al. 40 quienes realizaron la evaluación para Monsanto y publicaron un resumen de sus resultados en FCT en 2004, y el mencionado de Séralini et al) concluye que se trata de un caso claro de doble rasero 41; una aplicación congruente de los mismos criterios a los tres trabajos conllevaría la aceptación del trabajo de Séralini et al. o el rechazo de los tres, opciones ambas que pondrían en cuestión la autorización de dicho maíz. Parece que en este caso se ha cumplido la predicción de Brookes 42 de que la difusión de críticas por internet a una publicación aumenta las acciones correctivas contra la misma (¿podría interpretarse también como acciones concertadas de acoso contra el trabajo de Séralini?). El propio Hayes, editor de FCT, se ha visto obligado a responder a estas críticas en una carta publicada en la revista en enero de este año 43.
Como lector ocasional de ElDiario.es habría esperado que el Sr. Cervera se hiciese eco de esas críticas y contra-críticas o al menos que en lugar de remitirnos al foro ‘Los productos naturales ¡Vaya timo!’ lo hubiese hecho al de la organización Retraction Watch, que por cierto, sin validar el estudio, también considera inapropiada la retractación 44 y donde ha habido un debate mucho más variado y sustancioso que en la página del Sr. Mulet.
Los resultados obtenidos por Séralini apuntan en una dirección pero habrá que esperar su confirmación o falsación mediante estudios adicionales de otros equipos. Creo que esta historia aún no ha terminado; además el artículo acaba de ser republicado en otra revista científica internacional 45 con un comentario complementario de Séralini et al. 46 sobre conflictos de interés, confidencialidad y censura en análisis de riesgos de salud.
En cualquier caso este trabajo ha conseguido un objetivo muy importante: poner de manifiesto las deficiencias de los protocolos actuales de evaluación de riesgos de los cultivos transgénicos, especialmente en lo concerniente al período de experimentación, que en el caso de ratas se limita a 90 días (equivalente a una edad de 7 años en humanos), lo que es claramente insuficiente para la evaluación de toxicidades y otras posibles patologías crónicas de largo plazo. Por cierto, que las demandas de revisión de los protocolos europeos de aprobación de cultivo y consumo de transgénicos no se limitan a riesgos de salud sino también a riesgos ambientales 47. Presentaré brevemente algunos de estos riesgos.

¿Son ambientalmente seguros los cultivos transgénicos?
La entrevista a la Sra. Alvarez Buylla incluye la siguiente parte sobre consecuencias para el medio ambiente:
P ¿También hay consecuencias para el medio ambiente?
R Basta con que les vayan a preguntar a los agricultores americanos cuánto se están gastando ahora mismo en controlar las supermalezas que han crecido en las explotaciones de transgénicos que, después de muchos años, se han hecho resistentes al glifosato, al herbicida…
A su vez, la entrevista al Sr. Mulet se pregunta:
P ¿Considera que los posibles riesgos de contaminación o efectos inesperados de los que advierten los ecologistas son una fantasía?
R Riesgo de que ocurra algo imprevisto por interacciones siempre hay, claro. Pero con los alimentos modificados genéticamente ese riesgo es muy menor. Cuando estos organismos salen al mercado están muy controlados…
Creo sintomático que el Defensor de la Comunidad no considere dudosas las afirmaciones del Sr. Mulet, que de entrada no deja claro si se refiere a efectos ambientales o de salud humana, lo cual podría interpretarse como una forma indirecta de desviar la pregunta. Sin ánimo de extenderme, quiero recordar que la resistencia a herbicidas que indica la entrevistada no es solo una constatación científica sino una amenaza cada vez más preocupante y en clara expansión, como anunciaba recientemente un editorial de Nature 48. Esta resistencia, que empezó antes de la introducción de los cultivos Roundup Ready (tolerantes al Roundup, el herbicida más utilizado; lo comercializa Monsanto, la misma empresa que desarrolló la semilla transgénica), ha sido exacerbada por estos cultivos, alcanzando en la actualidad proporciones alarmantes 49 50 51.
El efecto era previsible dado que la tolerancia de la planta transgénica al herbicida ha inducido un aumento exponencial del consumo de éste. Una población de las llamadas malas hierbas, plantas que compiten con nuestros cultivos y que suelen tener una estrategia de reproducción oportunista, puede incluir individuos que tengan genes y/o hayan desarrollado mutaciones que les permiten resistir este herbicida, lo que hace que sean seleccionados ante una sobre-exposición al mismo. El fenómeno es similar a la creciente resistencia bacteriana a los antibióticos por el uso abusivo de éstos. Como señalan Mortensen et al 52 ‘If herbicide-resistant-weed problems are addressed only with herbicides, evolution will most likely win’ (‘Si los problemas de resistencia a herbicidas se combaten solo con más herbicidas, lo más probables es que gane la evolución’).
Además de la resistencia a herbicidas, se observa una creciente resistencia de los insectos a los cultivos transgénicos Bt (que incorporan genes del Bacillus thuringiensis capaces de expresar proteínas tóxicas a diversos grupos de insectos). Esta resistencia, que afecta a maíz, algodón y una variedad de plantas transgénicas Bt 53 54 55, reproduce una lógica parecida a la de los herbicidas: exposición masiva y continua a un tóxico por parte de organismos con una estrategia oportunista de reproducción que hace que acaben desarrollando resistencia. Junto a ella, se ha dado un fenómeno conocido por ‘plagas secundarias’, detectado por primera vez en cultivos de algodón en China hace una década 56 , y consistente en la aparición de nuevas plagas de insectos anteriormente poco frecuentes, una vez eliminada la plaga principal mediante el uso de una variedad transgénica Bt.
Otros impactos ambientales documentados incluyen los efectos sobre insectos acuáticos en cuencas hidrológicas con superficies importantes de cultivo de maíz Bt 57 (precisamente el caso de Emma Rosi-Marshall, investigadora líder de este proyecto, es uno de los que recoge la mencionada denuncia de Emily Waltz en Nature sobre el acoso que sufren quienes publican resultados que contravienen los intereses transgénicos); la toxicidad sobre la mariquita Adalia bipunctata, insecto depredador de áfidos (pulgones) y otros parásitos y que es utilizado en el control biológico de plagas 58, contestado por 59 60 y recientemente reconfirmado 61; los efectos de herbicidas en base a glifosato sobre comunidades acuáticas 62; o el impacto ‘cruzado’ de la aplicación masiva de herbicidas en cultivos transgénicos tolerantes sobre la disminución drástica de la mariposa migratoria Monarca 63.
Por otra parte, recientemente se han detectado nuevas plagas en cultivos de maíz transgénico, en este caso por bacterias (Clavibacter michiganensis), no debidas a fenómenos de resistencia sino aparentemente a la muy estrecha base genética sobre la que se han desarrollado los cultivos transgénicos, lo que ha supuesto la eliminación de variedades que tenían resistencia natural a dichas bacterias64.

Error de omisión: la aceptación acrítica de una de las partes
La aceptación acrítica de las afirmaciones de una de las entrevistas resulta tan descorazonadora como la crítica infundada de la otra. En este caso hay dos puntos de la entrevista al Sr. Mulet que han llamado mi atención y que quisiera exponer brevemente: el supuesto perjuicio agrícola que implicaría la prohibición de cultivos transgénicos (ejemplarizado en el caso del algodón) y ‘…el hecho de que se multipliquen las trabas burocráticas, legales y administrativas provoca que este sea un campo más abonado para empresas enormes que pueden afrontar esos costosos procesos. Y eso se puede poner en el debe de las organizaciones ecologistas, que han colaborado a generar tantas dificultades legales.’
El caso del algodón es relevante porque casi todo se produce en Andalucía, donde tiene carácter de cultivo social generador de empleo. En la UE sólo se cultiva en Grecia (80%), España (19%) y residualmente en Bulgaria (1%). El cultivo, que a finales de los 90 llegó a alcanzar en nuestro país 110,000 ha, se vio reducido a menos de la mitad en 2008, habiéndose recuperado algo y estabilizado en torno a las 65,000 ha en las tres últimas campañas 65. La caída de la superficie y producción no se ha debido a la no introducción de algodón transgénico como insinúa el Sr. Mulet sino a la reforma del régimen comunitario de ayudas en 2004, y su recuperación parcial también ha sido debida en gran medida a la modificación de esta reforma comunitaria en 2009 junto a una subida reciente de precios 66. La propuesta de introducción de algodón transgénico del Sr. Mulet se alinea con la del sindicato agrario donde se encuentra representada la gran patronal (ASAJA) 67, y va en contra de la propuesta de la COAG, organización que representa los intereses de los pequeños y medianos agricultores 68 y que apuesta por un sistema de cultivo integrado libre de transgénicos.
No tengo objeción a la alineación del Sr. Mulet con una determinada postura, aunque conviene constatar que si se aplica el mismo criterio no sería sólo la Sra. Alvarez-Buylla quien se ‘manifiesta ideológicamente’. Lo que si hay que aclarar es que las vicisitudes del algodón en España pasan mucho más por las políticas europeas y estatales (porcentaje de pago desacoplado, rendimientos mínimos para que se perciban compensaciones, promoción de sistemas integrados de manejo del cultivo, apoyo a la industria desmotadora…) que por la promoción de variedades transgénicas.
Pero es que además sabemos que los cultivos transgénicos de primera generación (los realmente existentes) sólo han supuesto una solución temporal a un problema (el de pérdida de cosechas por malas hierbas y otras plagas), habiendo generado efectos adversos tales que en la actualidad se está cuestionando su propia viabilidad a corto y medio plazo69. Lo ha anunciado la prensa estadounidense (país líder en superficie transgénica)49 64 pero también en otros países como India 70 , y se está empezando a modificar la percepción de las ventajas aparentes de estos cultivos 71. El propio Departamento de Agricultura de EEUU en un reciente informe 72 analiza estos problemas y duda que las ventajas iniciales de los cultivos transgénicos (sobre las que se basan los análisis tanto económicos como de producción que los presentan como la solución) se mantengan indefinidamente. Sería pues plausible un escenario en que unos agricultores perplejos ante la aparición de resistencias y nuevas enfermedades en sus cultivos transgénicos que les obligan a intensificar el uso de plaguicidas, y económicamente atrapados en una espiral creciente de precios de las semillas que aumentan por encima de otros insumos 72 y de los que perciben por sus productos diesen la espalda a esta tecnología, al menos en su versión actual. El Defensor de la Comunidad debería haber llamado la atención sobre estos aspectos y no dar por buenas afirmaciones que, cuando menos, están sesgadas.
En este sentido, también se le ha escapado al Sr. Cervera la oportunidad de comentar las críticas a las ‘trabas burocráticas, legales y administrativas’ de la UE. ¿Renuncia el Sr. Mulet a la aplicación del Principio de Precaución en la UE? ¿Debemos liberalizar las propuestas tecnológicas de la industria, o por el contrario exigir a nuestras instituciones que velen por una aplicación de este Principio menos laxa que la actual? ¿No sería que en realidad lo que necesitamos en el tema de los cultivos transgénicos es más regulación en lugar de sustituir el Principio de Precaución con el Principio de Discrecionalidad que deja a los Estados miembro tomar sus decisiones y a la industria contestarlas si éstas no le convienen? A riesgo de que los Sres. Mulet y Cervera consideren que me manifiesto ideológicamente, recomendaría a las personas interesadas que leyesen los cables de Wikileaks (por ejemplo 73 74 60 76) para poder entender mejor por qué destaca España en este tema mientras que la gran mayoría de Estados en la UE se oponen a los transgénicos.

Café para todos: ¿Son iguales las exigencias de las empresas de semillas normales y transgénicas?
‘La entrevista [a la Sra. Alvarez Buylla] debiera quizá haber aclarado estos detalles, explicando por ejemplo cómo la imposibilidad de replantar las variedades transgénicas ya existe en las variedades comerciales híbridas ‘convencionales’ que los agricultores usan habitualmente por su mayor rendimiento y que algunos de los problemas achacados a los transgénicos son en realidad habituales y afectan a toda la agricultura mundial.’ Con esta frase resuelve el defensor de la Comunidad el complejo asunto de las equivalencias entre organismos, cultivos y productos transgénicos y no transgénicos, en este caso referidas a las limitaciones impuestas por las empresas a los agricultores y a los problemas que afectan a la agricultura. En relación a este segundo punto ya he desarrollado arriba diversos argumentos al respecto; sólo preguntaría al Sr. Cervera que especificase cuales son esos ‘algunos’ a los que se refiere al identificar la similitud de problemas a fin de poder decidir si estoy o no de acuerdo con él.
El tema de la imposibilidad de replantar variedades transgénicas ha sido también motivo de una amplia discusión y ha sido dirimido en los tribunales de EEUU y Canadá, siempre a favor de las empresas (ver 77 para un dictamen del último caso importante que ha saltado a los medios de comunicación). Efectivamente, la resiembra de semillas no transgénicas procedentes de su propia cosecha y que fueron compradas a empresas comercializadoras está impedida tanto por mecanismos biológicos (la propia genética de la heterosis hacen que normalmente las ventajas de la hibridación vayan reduciéndose en generaciones sucesivas con la consiguiente pérdida de interés de las resiembras) como legales (protección de derechos de los desarrolladores de semillas; se persigue especialmente la venta de semillas para siembra; ver la reciente sentencia del Tribunal Europeo de Justicia en el caso Kokopelli v. Baumaux 78), asunto éste por cierto que disputan al menos parcialmente numerosas organizaciones campesinas. No obstante, en el caso de las semillas transgénicas el férreo control impuesto y las demandas legales interpuestas han alcanzado un nivel de paroxismo sin precedentes. Invito al Sr. Cervera a que encuentre contratos de uso de semillas no transgénicas con cláusulas equivalentes a las de contratos de semillas transgénicas de Monsanto como las que figuran en 79 (es este caso, de colza). A título de ejemplo señalo cláusulas como:
1.6. Vender sólo a compradores aprobados por Monsanto.
1.14. No pasar semillas a terceros para fines de investigación.
1.18 y 1.19. Dar datos completos de las parcelas sembradas y garantizar el acceso de técnicos de Monsanto por tres años después de la siembra a campos (propios y arrendados) y a instalaciones donde almacene el agricultor su cosecha.
Algunas de estas cláusulas han hecho saltar la alarma en la comunidad científica que ve limitada la posibilidad de investigación y evaluación independiente de riesgos ambientales y de salud 80 (nótese que la editorial de Scientific American se refiere específicamente a semillas transgénicas). Esto fue denunciado como obstáculo importante para conducir su investigación por el propio Séralini, para lo que tuvo que buscar una solución ingeniosa.

Conclusión
El discurso que equipara tecnología y cultivos transgénicos como si estos fuesen la única opción de desarrollo futuro y los demás no formasen parte del avance tecnológico está diseñado para establecer un debate falso y debe ser denunciado. El conocimiento y las prácticas desarrolladas por miles de millones de agricultores a través de los siglos y en la actualidad, así como los muy numerosos avances en campos de mejora genética en base a biotecnología no transgénica deben ser considerados como la principal fuente de progreso.
Esto no quiere decir que la transgénesis y otras nuevas tecnologías tengan que ser completamente abandonadas, pero conviene resaltar que hasta la fecha los cultivos transgénicos ‘de primera generación’ (los realmente existentes) no han aportado soluciones reales y duraderas, y están creando problemas que pueden hipotecar el futuro de la agricultura. Pero para que estas tecnologías puedan hacer su aportación hay que insertarlas en un marco sistémico e integrado a distintos niveles, desde el organismo hasta los agro-eco-sistemas. Esta visión sistémica debe ser también llevada a los protocolos de experimentación y aprobación, reforzando las medidas de control en todas las fases y haciéndolas verdaderamente independientes, no supeditadas al control e intereses de las empresas que fabrican y comercializan estas semillas. En lugar de liberalización lo que necesitamos es más Principio de Precaución.
Existe un riesgo real de irreversibilidad en el modelo de agricultura transgénica que nos impida utilizar vías de recambio como respuesta a los numerosos problemas (esperados e inesperados) que se están poniendo de manifiesto. No se trataría solo de posibles problemas ambientales y de salud más o menos consumados e irreversibles. Es también la pérdida de conocimiento y germoplasma acumulados y que corren el peligro de desaparición, situándonos en un futuro escenario en que unas pocas empresas controlen la alimentación desposeyendo a los agricultores y campesinos de sus acervos tradicionales. Como señalan Soleri y Cleveland 14 refiriéndose al caso del maíz transgénico en México, la mayor amenaza ‘… is the synergy between micro level genetic processes and macro level regional and global economic processes, which creates a situation that is more than the sum of its parts’.’(…la sinergia entre micro-procesos genéticos y macro-procesos económicos a nivel regional y global, lo que crea una situación que es más que la suma de las partes)’.
Lo anterior no son elucubraciones viscerales, irracionales y/o políticamente interesadas. Son riesgos reales que hay que dar a conocer a la opinión pública en lugar de fustigar al mensajero. No se trata, pues, de un ‘banderín de enganche’ de los grupos ecologistas, que ‘Tras haber cubierto bastantes de sus objetivos en campañas como la de la energía nuclear, se fijaron en los transgénicos’ como dice el Sr. Mulet.
Por último, coincido con el Sr. Cervera en que ‘Es tarea del periodista cotejar, criticar y explicar lo que afirman las fuentes para ponerlo en el contexto adecuado’ y que ‘La prensa, sin embargo, sí que tiene por misión informar lo mejor posible sobre los detalles y las consecuencias del modo más comprensible para que la sociedad pueda decidir con datos de la mejor calidad.’ Lamentablemente, su nota no ha estado a la altura de lo esperado para un medio como ElDiario.es.

Notas:
A la hora de cerrar este documento he vuelto a entrar en la URL del artículo del Defensor de la Comunidad y he constatado que se han incorporado dos correcciones al final del mismo. Estas correcciones son menores y no alteran los argumentos que he expresado arriba.
Mi identificación profesional es a efectos de transparencia y no pretende tener ningún valor de ‘prestigio profesional’ o de ‘exhibir titulaciones y cargos para dar autoridad’ a mi texto (afirmaciones ambas recogidas en la nota del Defensor y que aparecen también en los comentarios de algunos de los lectores críticos con la Sra. Alvarez-Buylla). No me considero una autoridad en el tema. Obviamente el texto sólo representa mi opinión y no la de la institución en la que trabajo.

Referencias
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Una parábola sobre las “burbujas científicas” y el asalto neoliberal a la investigación científica básica y aplicada.


Este artículo lo he sacado de la web: http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=7267
Espero que os interese.

Un cordial saludo
Diego

El estado de la ciencia en el Planeta F345. (Una parábola sobre las “burbujas científicas” y el asalto neoliberal a la investigación científica básica y aplicada.)

John P. A. Ioannidis

Entre los ideologemas más básicos de nuestro tiempo hay que contar el que declara vivir en una época de grandes progresos científicos, básicos y aplicados (tecnológicos): los socorridos marbetes de la “economía del conocimiento” o de la “sociedad de la información” son otros tantos nombres de ese dogma de fe de la época. Estudiosos del asunto ya publicados en SinPermiso, como Robert J. Gordon o Mariana Mazucato, han destruido a conciencia ese mito en lo que hace a las supuestas grandes innovaciones tecnológicas recientes. John P.A. Ioannidis es un agudo analista de los diseños institucionales que promueven la ciencia básica como empresa social capaz de buscar la verdad y, por lo mismo, pronta a auto-corregirse. Su tesis es que el desarrollo de la buena ciencia, lejos de ser automático, depende crucialmente –entre otras cosas— del buen diseño institucional de las labores de investigación. Y que la radical reorganización de la vida académica y de los institutos superiores de investigación a que hemos asistido en las últimas décadas ha venido a socavar gravemente ese diseño. La parábola que a continuación reproducimos –extractada de un largo estudio reciente suyo intitulado “Why Science Is Not Necessarily Self-Correcting” (Perspectives on Psychological Science, 7: 2012)— ilustra eficazmente esa tesis. SP.
 
El Planeta F345 en la galaxia Andrómeda está habitado por una especie humanoide muy similar al Homo sapiens sapiens. He aquí la situación de la ciencia en ese planeta en el año 3.045.268.
Aun cuando hay un crecimiento y una diversificación considerables de los campos científicos, la parte del león de la empresa investigadora se desarrolla en un número relativamente limitado de campos muy populares, cada uno de los cuales atrae los esfuerzos de decenas de miles de investigadores y arroja centenares de miles de papers. Fundados en lo que sabemos de otras civilizaciones en otras galaxias, puede decirse que la mayoría de esos campos yermos arrojan resultado nulo: es decir, son campos en los que se ha mostrado empíricamente que apenas hay –si es que hay alguno— efectos no-nulos por descubrir, de modo que cualquier pretensión de descubrimiento que se de en ellos suele ser meramente resultado del error aleatorio, del sesgo o de ambas cosas. Los supuestos descubrimientos generados no son otra cosa que la estimación del sesgo neto operante en cada uno de esos campos yermos de resultado nulo. Ejemplos señalados de esos campos yermos son la epidemiología nutrifalsaria, la pompomeconomía, la psicojunkología social y toda la dispar patulea de disciplinas de investigación cucarachil, en las que se supone que las cucarachas pardas suministran modelos adecuados proyectables a los humanoides. Desgraciadamente, los científicos de F345 no saben que esos son campos de resultado nulo, y ni siquiera sospechan que están desperdiciando sus esfuerzos y sus vidas en esas burbujas científicas.
A los investigadores jóvenes se les enseña desde el principio que la única cosa que cuenta son los descubrimientos nuevos y hallar resultados estadísticamente significativos cueste lo que cueste. En un equipo de investigación típico de cualquier universidad prestigiosa típica de F345, docenas de doctorandos y de recién doctorados andan día y noche clavados ante sus potentes computadoras en una sala común en perpetua labor de filtrado de información de enormes bases de datos. Cuando alguno se topa con un valor omega lo suficientemente extraordinario –un número derivado de algún tipo de proceso de selección estadística—, se va corriendo al despacho del investigador principal para proponerle escribir un manuscrito sometible a evaluación por pares. El investigador principal pasa revista a todos esos resultados llamativos, pero sólo deja que prosperen los manuscritos que expongan los resultados más extravagantes. Las revistas académicas más prestigiosas hacen lo mismo. Las entidades suministradoras de recursos, lo mismo. Las universidades están dirigidas en la práctica por gestores financieros que no saben nada de ciencia (y les importa un higo), pero que son muy buenos en punto a maximizar los beneficios financieros. El grueso de los Rectores, Vicerrectores y Decanos son meras marionetas que no valen para otra cosa que no sea ofrecer discursos inaugurales y otras aburridas ceremonias y prodigarse en entusiastas afirmaciones sobre la novedad de algunos descubrimientos de ese tipo realizados en sus instituciones. El grueso de los gestores financieros de las instituciones de investigación habrán sido reclutados luego de exitosas carreras como agentes inmobiliarios, ejecutivos de cadenas de supermercados o directivos de otras estructuras gran-empresariales, puestos de trabajo en los que habrán acreditado suficientemente ser capaces de recortar costos y hacer ganar más dinero a sus empresas. Los investigadores progresan, si son capaces de avanzar las más extravagantes y aun extremistas conjeturas y, consiguientemente, publicar chocantes resultados, lo cual proporciona más financiación por mucho que casi todos esos resultados se revelen falsos.
Nadie está interesado en replicar nada en F345. La replicación de resultados se considera un ejercicio despreciable, apropiado sólo para idiotas que no son capaces más que de imitar: definitivamente, replicar y contrastar no sería ciencia seria. Los miembros de las Academias Reales y Nacionales de las distintas ciencias son los más exitosos y prolíficos a la hora de producir resultados falsos. Varios tipos de investigación los desarrolla a veces la industria, y en algunos campos, como la medicina clínica, casi siempre. El motivo principal aquí también es la obtención de resultados extravagantes, a fin de obtener licencias para nuevos tratamientos médicos, experimentos y otras tecnologías y ganar más dinero, a sabiendas de que esos tratamientos no funcionen realmente. Los estudios se diseñan con el objetivo de garantizar que producirán resultados con valores omega suficientemente buenos, o estudios, cuando menos, pasibles de manipulación para que parezca que arrojan valores omega.
Los ciudadanos de a pie son diariamente bombardeados por los medios de comunicación de masas con anuncios de nuevos descubrimientos, aun cuando hace ahora muchos años que no se ha hecho ningún descubrimiento serio en F345. El pensamiento crítico y opositor está generalmente desacreditado en la mayoría de países de F345. En algún momento de su historia, los mercados libres destruyeron a los países con constituciones democráticas y libertad de pensamiento, porque se entendió que el pensamiento libre y crítico era un estorbo. Como resultado de lo cual, por ejemplo, las remuneraciones más altas para científicos, así como las infraestructuras de investigación más sofisticadas, se hallan en países totalitarios tan carentes de libertad de expresión como rebosantes de desigualdades sociales. (Una de las desigualdades más comunes es de género, en discriminación de los varones: está prohibido a los hombres conducir un automóvil, y cuando se muestran en público, no pueden hacerlo a cuerpo gentil, ni siquiera sus cabezas; están obligados a cubrirse con gruesa ropa de abrigo de color rosa.) La ciencia sólo florece allí donde la libertad de pensamiento y de crítica están rigurosamente restringidas, porque la libertad de pensamiento y de crítica (incluidos, huelga decirlo, los esfuerzos para replicar y contrastar empíricamente los pretendidos descubrimientos) se consideran anatema para la buena ciencia en F345.
John P. A. Ioannidis es profesor de investigación y políticas de salud en la Stanford School of Medicine y codirector, junto con Steven Goodman, del Meta-Research Innovation Center en Stanford. Se hizo particularmente célebre por un estudio, publicado en 2005, provocativamente intitulado: “Por qué el grueso de los descubrimientos científicos publicados son falsos”.
Traducción para http://www.sinpermiso.info: Mínima Estrella
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