APADRINE A UN RECTOR.


José Carlos Bermejo Barrera: Apadrine a un rector

Entienden los rectores españoles que la autonomía universitaria consiste en pedir el dinero que se estime necesario para gastarlo según su buen criterio y recto proceder, justificando los gastos con unas razones que solo ellos pueden dar, pues por un lado son científicos y por otro han sido elegidos por sus subordinados, lo que les dota de una infabilidad solo comparable a la del Romano Pontífice en materias de fe, que no de dinero. Defienden los rectores lo que consideran oportuno, pero lo hacen de un modo diferente según la ocasión y el lugar en el que se reúnen, aunque eso sí, intentando siempre sacar algún partido. Da la impresión de que si los rectores decidiesen hacer un plenario en el Infierno, creerían también poder sacar algún beneficio, pues se aliarían con Satanás para derrotar a Belcebú e intentar así volver del infierno sin los bolsillos vacíos. Son capaces los rectores, que afirman defender la universidad pública, de dar un plante al ministro Wert, al estilo de los de las viejas tunas universitarias, a la vez que alaban el poder de la banca, cuyos intereses por cierto conoce y defiende mejor el ministro Wert y su gobierno que los propios rectores, que al fin y al cabo no son más que unos funcionarios públicos con su nómina. Sigue leyendo

SIGUIENDO CON OTRA MANERA DE VER LAS COSAS DEL CONOCIMIENTO.


El pauperempresariado y los toreros
Cesar Rendueles

En un artículo del pasado mayo, El País informaba de que México es la nueva tierra prometida de los emprendedores. Al parecer, el 6,3% de los mexicanos entre 18 y 24 años son dueños de empresas. El mensaje de fondo, me pareció, era que los pobres se han puesto las pilas. Después de siglos de hacer el vago, han logrado bajarse de sus hamacas y emprender a cascoporro.

En realidad, en todos –pero todos– los países pobres hay muchísima más gente trabajando por cuenta propia que en los países ricos. En Ghana el 67% de la mano de obra trabaja por cuenta propia, en Estados Unidos el 7,5 %. En las comunidades campesinas tradicionales era prácticamente imposible comprar nada. En cambio, en las sociedades pobres destruidas por el mercado se vende prácticamente todo, incluidas muchas cosas que nadie había pensado nunca que pudieran o debieran venderse. Sigue leyendo

OTRA MANERA DE VER LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA QUE QUIZÁS NO GUSTE A MUCHOS.


Dinero, ilusiones y rectores.
Por. José Carlos Bermejo Barrera.
Catedrático Historia antigua.
Universidad de Santiago de Compostela.

Decía Kant que decir la verdad consiste no en decirlo todo, pero sí en que todo lo que ofrezcamos como verdadero lo sea. Si todos debemos ser veraces, mucho más lo han de ser quienes son custodios de los bienes públicos y han de perseguir el bien común. Éste es el caso de los funcionarios y de quienes gobiernan las instituciones estatales. Defender una institución no es ocultar sus defectos, ni mucho menos construir una falsa imagen de ella ante la opinión pública, que a su vez sirva como halago para quienes son sus responsables, sino alertar de los peligros que corre y sobre todo anteponer el interés común al de las personas que forman parte de ella. Todo lo contrario de esto es lo que llevan años haciendo los rectores de las universidades públicas, incansables ensalzadores de sus instituciones y hábiles tejedores de un muro de noche y niebla en torno a ellas que hace invisibles sus defectos a la opinión pública. Todo para no cejar en sus peticiones de más dinero público y más plantillas en tiempos de crisis global.
Dicen los rectores que sus universidades son pobres, escasas en medios humanos, que en ellas nada sobra y casi todo falta, que no piensan más que en el bien común y que sin ellos no hay futuro. Y que todo lo que se les dé lo devolverán con creces, pues sus gastos son una inversión, lo que buscan es el conocimiento y la innovación, muriendo la ciencia y el saber a la par de su imaginaria agonía en el momento en que les toque recortar sus gastos en personal e investigación o en procedimientos superfluos de gestión, ya que la pérdida de medios docentes comunes, de residencias o infraestructuras para estudiantes, y sobre todo el futuro de sus estudiantes, no es objeto de su preocupación, pues les auguran un feliz destino en su imaginario mundo, pero solo si pudiesen emplearlos en su propia universidad. Sigue leyendo

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