NO ES PAIS PARA EL CONOCIMENTO. CARLOS DELCLÓS.


Carlos Delclós, Es Prof. Ciencia Política UPF

Durante las últimas dos semanas, he vivido una curiosa experiencia extracorporal, una sensación de estar viendo mi propio cuerpo físico desde el punto de vista de un observador, fuera de mí. No se trataba de una experiencia paranormal, sino de un diálogo con mis estudiantes de Estructura Social disfrazado de práctica universitaria y repetido 8 veces con 154 caras distintas, que invariablemente llegaba a una conclusión común: que España, Cataluña o donde sea que estamos, no es país para el conocimiento.

El planteamiento de la práctica fue tan cruel como relevante: una pareja catalana de 31 y 27 años con una formación de elite (Oxford, ESADE) que, a pesar de tener trabajo, está insatisfecha con su situación laboral y el futuro que intuye que les espera en el estado español. Han convocado a un comité de expertos para informarles sobre sus perspectivas en otros tres países (Japón, Estados Unidos y Alemania), mientras que otro grupo trata de convencerles de que se queden donde están.

Los estudiantes se dividieron en estos cuatro grupos, y todos coincidieron en que la opción más difícil de defender era la de quedarse. En las últimas cuatro sesiones, ya cansado de escuchar tantas veces los mismos argumentos e inspirado enteramente por un deseo de romper la formalidad del ejercicio para hablar en términos reales, durante los últimos diez minutos de mi clase, decidí lanzarles una pregunta más directa. Les pregunté cuantos de ellos se estaban planteando migrar a otro país. Un mínimo del 80% de las personas en estas clases levantó la mano. Les pregunté por qué, y las respuestas que más me impactaron fueron las siguientes tres, que dicho aunque sea de paso, no me llegaron precisamente “desde la izquierda” estudiantil:

“No estoy recibiendo una educación decente en este país. No nos enseñan a afrontar los temas desde una perspectiva crítica y analítica. Me siento rodeado de mediocridad.”

 “No siento que se estime la carrera que he escogido, y a veces siento que ni siquiera se valoraría ninguna carrera que no sea una de las de siempre: medicina, derecho, economía…”

 “[Parafraseando al chamán de la ilusión empresarial Emilio Duró] Si eres tonto, no debes intentar ser listo ni tener buenas ideas. Por mucho que lo intenten, los tontos no tienen buenas ideas. Lo que debes hacer es copiar al listo de al lado, y en este caso ese listo es Estados Unidos.”

Lo que demuestran estas tres inquietudes en su conjunto es que, a pesar de las ideologías políticas, la crítica a la dirección que se está tomando en Cataluña y el estado español es un tema de sentido común.

No hay plan para cambiar el modelo productivo, solo un esfuerzo cínico por parte de los chorizos de siempre para reinflar esa burbuja y vergüenza popular que nos supone la economía turística, la cual beneficia de manera escandalosamente desproporcionada a esa clase que siempre sale ganando en España, crisis tras guerra tras crisis.

Mientras otros países ricos apuestan por una sociedad del conocimiento para hacer frente a los desafíos de un mundo globalizado, los últimos cuatro titulares sobre España en Nature (prácticamente el Impact Factor más alto que puedes tener entre revistas académicas indexadas) fueron, en orden cronológico (y en inglés, obviamente):

1. Spain’s vision for science (9 Feb 2010)

 2. Spain’s science budget could be slashed (17 Sep 2010)

 3. Spanish institute faces cash crisis (1 Nov 2011)

4. Spanish changes are scientific suicide (16 Feb 2012)

Por muy agradable que puede resultar una conversación sobre astronomía o Foucault entre un camarero y un parado, actualmente no deja de ser una escena más en un espectáculo trágico que nadie sabe cuando empezó ni se imagina ya que vaya a terminar. Es una tragedia que va más allá del drama del incumplimiento de ese sueño del funcionario, del puesto en propiedad y el trabajo de por vida, para desplegarse en la pregunta,

¿qué mierda de país es éste?

Es una pregunta que va en serio y que creo que va al fondo de lo que me parece el elemento más trágico de las razones que citaron los alumnos por las que se querían ir, esa internalización-como-autovaloración de la mediocridad.

Como nos demuestran cada semana los chantajes de las agencias de calificación como Moody’s, Fitch o Standard & Poor’s, la percepción es valor. Cuando nos resignamos a creer que la educación que recibimos no sirve de nada, aceptamos que no sirva de nada y justificamos la distancia que existe entre el modelo productivo y las aspiraciones que tenemos.

Esta distancia entre aspiraciones y realidad condiciona todos los aspectos de las decisiones y experiencias migratorias. Y es que analizar el perfil del éxodo “juvenil” español es retratar los sueños que nos recortan. Mientras que los gobernantes de este país buscan emplear de nuevo a precarios de obra y servicio con proyectos como Madrid 2020, los profesionales que se pierden son principalmente investigadores, médicos, biólogos, ingenieros, arquitectos e informáticos, en ese orden.

Se va el conocimiento y se queda el empleo. Si quieres un ejemplo de lo que esto implica para la producción, aquí tienes:

Madrid 2020

Ciudad aspirante

No somos tontos, nos tratan como tontos.

Nosotros no estamos sobrecualificados para esta economía.

Es esta economía la que está subcualificada para nosotros.

Esto se puede cambiar.

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