SIGUIENDO CON BOLONIA.


Una nueva amenaza para los profesores: el acoso administrativo

José Carlos Bermejo Barrera, Alfonso García Tobío y Juan Carlos Pardo Pérez
Profesores de la Universidad de Santigago de Compostela.
 
“On most campuses the institution´s various Propaganda organs perhaps receiving stylistic Inspiration from the North Korean press, touted  The president as an academic and intellectual  Giant and a Renaissance man beloved by  employees, venerated by the students and  by faculty”.
Benjamin Ginsberg: The Fall of the Faculty. The Rise of the All-Administrative University and why It matters, Oxford University Press, Oxford,2011, p.212.

La mayor parte de los profesores universitarios creemos que las funciones básicas de la Universidad son en primer lugar la docencia y en segundo lugar la investigación, y observamos día a día como se está produciendo una progresiva degradación de ambas, debida en gran parte al incremento desproporcionado de los procesos de control y gasto administrativos, que en muchos casos violan la legislación vigente y conculcan nuestros derechos como profesores, a la vez que los derechos de los estudiantes.

Todo ello responde a un nuevo proceso, que denominaremos como acoso administrativo, que se ha convertido de hecho en el instrumento básico del control de las instituciones universitarias y de la mayoría de sus miembros por parte de un reducido número de supuestos expertos en la gestión y la administración. Dichos expertos desarrollan continuamente complejas tramas normativas, que son a la vez artificialmente complejas y contradictorias entre sí mismas, pudiéndose adaptar su aplicación a todo tipo de circunstancias que pueden llegar a hacer irreconocible a la propia norma utilizada, a base de aplicarle todo tipo de excepciones y los correpondientes argumentos ad hoc que hagan posible refrendar cualquier uso de la misma.

Por ello es necesario sacar a la luz la naturaleza del acoso administrativo y dejar bien claro que es posible evitarlo, no mediante la rebelión, la violencia o el uso de la insumisión, sino reclamando la correcta aplicación de las leyes y siendo conscientes como profesores de que tenemos una serie de derechos irrenunciables, que no han sido objeto de concesión graciable de quién nos gobierne en cada momento, sino que son constunciales al ejercicio de nuestra profesión y han de servir como garantía del buen ejercicio de nuestra función docente. Unos derechos absolutamente indisociables de nuestra dignidad como docentes, como ciudadanosy como personas.

 Debemos ser conscientes, pues, de los siguientes hechos, que es necesario denunciar a la opinión pública:

1) Que en la Universidad española la función administrativa – desempeñada por funcionarios profesionales y un número cada vez mayor de profesores -, se ha convertido en un fin en sí misma y en su función esencial.

2) Que esa función de control, a la que destinan cada vez más recursos en detrimento de los necesarios para el desarrollo pleno de la docencia y la investigación, se está llevando a cabo de forma anónima, autoritaria y cumple una clara función de adoctrinamiento.

3) Que la proliferación normativa y la policefalia de las fuentes que la dictan, oculta al debate público – bajo un disfraz técnico – las ideas y los propósitos para los que dichas normas se redactan.

4) Que solo esta progresiva imposición normativa puede conseguir anular la capacidad de respuesta del profesorado, gracias a la anulación de facto de las competencias de los órganos de gobierno unipersonales y colegiados en los ámbitos correspondientes a las Facultades y los Departamentos.

5) Que la sumisión de los profesores a la avalancha normativa está permitiendo conculcar sus derechos como docentes, como funcionarios y como trabajadores.

6) Que es la redacción de estas normas y el control progresivo por procedimientos continuos de evaluación – que tienen sus consecuencias en la fijación de salarios y la promoción de la carrera docente – lo que va a permitir precarizar las condiciones laborales del profesorado, privilegiando los contratos parciales y temporales frente a las plazas docentes, pues es en esos contratos donde se puede ejercer un control continuo.

7) Que se está consolidando el acoso administrativo del profesorado.

8) Se llama acoso administrativo al proceso de control de los profesores mediante normas que conculcan a otras y a leyes de mayor jerarquía normativa, que imponen una determinada ideología y que consagran como jurídicos términos y conceptos que no poseen ningún refrendo legal.

9) El acoso administrativo utiliza los siguientes procedimientos:

a) considera que en la redacción de las normativas la uniformización de las formas no altera a los contenidos, lo que no es cierto.

b) considera que cualquier normativa puede dar valor legal a los conceptos que deseen sus redactores. Ello no es así porque los conceptos jurídicos, además de forma, poseen contenido y están fijados en las leyes de superior rango, no pudiendo ser creados en cada caso.

c) no tiene en cuenta que la capacidad de dictar normas no puede conculcar los competencias de los órganos de gobierno ni los derechos del profesorado recogidos en la LOU, lo que sin embargo ocurre sistemáticamente.

10) Para el desarrollo del acoso administrativo están siendo esenciales las TIC, pues al obligar a seguir los pasos de los programas informáticos y los módulos de contenidos impuestos en ellos se logra ejercer el control de los profesores por parte de quienes los programan o diseñan.

11) El acoso administrativo del profesorado se lleva a cabo dando valor normativo conceptos e ideas de unos determinados lenguajes pedagógicos y empresariales. Existen dos clases de acoso administrativo:

a) El acoso normativo en la docencia.

b) El acoso normativo en la investigación.

Ambos conculcan claramente la plena capacidad docente e investigadora del profesorado gracias a la imposición de unos protocolos aparentemente neutros.

El acoso normativo en la docencia se ha ejercido:

1) En el desarrollo de redacción de los planes de estudio, en el que se han impuesto uniformemente una serie de ideas a todas las titulaciones y materias, como la de competencias y habilidades, que carecen de refrendo legal y son meras opiniones pedagógicas.

2) En la planificación docente, en la que se imponen módulos y proporciones a priori, sin tener en cuenta la especificidad de la materia a enseñar.

3) En la imposición de los diferentes tipos de créditos en un orden rígido en el calendario docente, sin tener en cuenta los contenidos ni las formas de enseñanza que cada materia requiere.

4) En la imposición a priori de los formatos digitales, que son considerados no como medios, sino como fines en sí mismos.

5) En la imposición de guías docentes destinadas a los profesores y funcionarios que controlan la administración – y que pueden dictaminar sobre ellas- y no a los alumnos.

6) En la imposición de la figura del profesor de los otros profesores. Esos profesores de profesores poseen plena capacidad docente sobre los demás profesores de todas las áreas de conocimiento de su universidad. Una capacidad no reconocida en ninguna ley y que conculca la plena capacidad docente de los demás profesores y su dignidad académica.

7) La consolidación de esa supuesta capacidad docente de los “expertos” en innovación y administración sobre toda la universidad es ilegal y no es más que un proceso de control y sumisión del cuerpo docente a sus ideas y su autoridad institucional. No tiene sin embargo equivalencia ni contrapartida en los casos de las restantes áreas de conocimiento y profesores de todos los niveles.

Para frenar el acoso administrativo docente los profesores han de ser conscientes de lo siguiente:

1) Que su docencia en el aula no puede ser definida ni planificada por nadie más que ellos mismos, aunque de ello deberán dar cuenta a sus alumnos e informar a las autoridades docentes.

2) Que la elaboración de sus programas, programaciones y secuencias docentes le corresponde únicamente a ellos, aunque deberán darlas a conocer de antemano.

3) Que podrá utilizar los medios impresos, digitales, o de cualquier otro tipo de la forma que sea necesaria en función de su asignatura, sin seguir las pautas que se le quieran imponer.

4) Que deben ser conscientes de que la elaboración y control docente de los grados, licenciaturas y másteres está asignada por la LOU a los Centros y los Departamentos y no a las comisiones creadas administrativamente al margen de esta ley.

5) Que en el control de la docencia solo deben reconocer la autoridad de los Directores de Departamentos y Decanos, pues únicamente a ellos y a los órganos colegiados correspondientes se la asigna la ley.

6) Que no deben admitir órdenes de funcionarios no docentes jerárquicamente inferiores a ellos, aunque estén destinados en otros órganos administrativos superiores, pues las órdenes tendrán que dárselas los Vicerrectores correspondientes, si no se refieren a las capacidades docentes propias de su área de conocimiento y no interfieren con las competencias de Departamentos y Facultades.

7) Que cuando alguien o alguna norma interfiera con su docencia mediante la imposición de conceptos, métodos o patrones de control, nunca acepte una orden por e-mail

8) Cuando se tenga la sospecha de que quien da la orden se extralimita en sus funciones se deberá solicitarla por escrito con registro de salida – día y número – y recibirla con acuse de recibo.

9) esa orden debe ser recurrida ante el Rector, hasta que envie al recurrente al contencioso administrativo. Y si se diese el caso de que lo posiblemente ilegal fuese la normativa, se ha de recurrir la misma como tal al Consejo de Gobierno de cada Universidad, de modo individual o colectivo.

Todo ello no será posible si no se reivindican las funciones que la LOU otorga a Departamentos y Facultades, y que están siendo conculcadas de modo progresivo por la proliferación normativa y por la interferencia en el gobierno de las Universidad de las Agencias de evaluación, que se otorgan, a través de las leyes que las crean, competencias adscritas a otros órganos en otras leyes. Por ello sería necesario pedir a Directores y Decanos que se pronunciasen a través de sus órganos colegiados sobre el problema del acoso administrativo en la docencia.

El acoso administrativo se ejerce en la investigación mediante la creación de redes de evaluadores aparentemente neutros y autónomos, pero cuya capacidad de acción está limitada por las normativas que ellos aceptan y redactan, y que por estar nombrados de modo discrecional pueden ser susceptibles de padecer influencias de todo tipo.

La evaluación de la investigación en España es una de las más complejas del mundo desde el punto de vista administrativo, no es transparente, y además está sesgada ideológica, económica y políticamente. Los profesores son víctimas del acoso administrativo en la evaluación de su investigación y ello condiciona tanto su carrera académica como sus retribuciones. Los métodos con los que se lleva a cabo se basan en no analizar los contenidos sino aplicar sistemáticamente procedimientos formales y rígidos, además de sesgados.

Estos procesos de evaluación suelen hacerse fuera del marco de cada universidad, pero cada profesor que desee frenar el acoso administrativo en la investigación deberá básicamente, siempre que pueda, pedir que se redacten informes sobre los contenidos de la investigación con criterios científicos propios de cada campo y por especialistas, negándose a compartir y sobre todo a aplicar esos criterios cuando se le quieran imponer.

El acoso administrativo está siendo, y lo será cada vez más, el instrumento fundamental para lograr un control efectivo de los profesores universitarios españoles. Un control que se escapa cada vez más de la esfera del derecho y que permite someter a los profesores y a las universidades a los intereses económicos de algunas empresas, y a los intereses de algunos partidos políticos y sobre todo a los intereses de los grupos de administradores – profesores y funcionarios- que desean incrementar cada vez más las dimensiones de la administración y el gasto administrativo con el fin de promocionarse profesional, política, e incluso ecómicamente. El futuro dirá si conseguirán o no someter a todos los profesores

LA BURBUJA UNIVERSITARIA.


Me ha llegado este artículo y quiero compartirlo con vosotros.

El autor es Profesor Titular de Derecho administrativoen la Universidad de Valencia.

 

La burbuja universitaria
Publicado el 20 de September de 2011.
Andrés Boix Palop.

La vuelta al cole es dura para todos siempre. Pero este año es un poquito más deprimente de lo habitual, dado que cuatro o cinco años después, y tras un verano agitadito, todo el mundo se ha dado cuenta de la enorme crisis que se nos ha venido encima, proporcional a la ingente burbuja en que durante muchos años hemos vivido instalados. Administraciones públicas, medios de comunicación, empresarios e incluso el ciudadano medio español que pinta en nuestra sociedad (el que tiene entre 45 y 75 años, trabajo fijo o pensión generosa y que ha cortado el bacalao desde la Transición) se han dado cuenta de que, en efecto, algo se ha hecho profundamente mal. Todos estamos ya convencidos. ¿Todos? ¿De verdad? No, existen todavía unos irreductibles que resisten aún y siempre al pesimismo y a todas las evidencias que apuntan a la necesidad de hacérnoslo mirar. Estamos hablando, claramente, de quienes formamos parte del sistema universitario español.

 

Como saben quienes leen este blog no soy muy entusiasta de la reforma de Bolonia, que resumidamente me parece un ejemplo más de esfuerzos inútiles cuando no contraproducentes. Que el argumento de sus defensores sea que “la cosa tampoco va a cambiar tanto” es la mejor prueba de ello. Poner todo patas arriba y tener al profesorado dedicado a reunirse para chorradas durante años con el resultado de que todo sea más o menos igual da buena idea de que la reforma no tiene sentido. Pero es también prueba de que tenemos una burbuja universitaria de proporciones ingentes. Si nos podemos permitir que desde hace años (y esto tiene visos de continuar durante muchos más) la mayor parte del profesorado dedique unas 20 horas a la semana a reuniones de coordinación, a tareas burocráticas, a rellenar informes sobre lo que hacen y demás mandangas la conclusión sólo puede ser una: tenemos mucho más personal y recursos de los necesarios, dado que podemos desviarlos, en proporción tan importante, a hacer chorradas. El problema es que estos desperdicios en un país rico pueden sostenerse en el tiempo. En un país como el nuestro, en la época ye-ye, pasaban inadvertidos, pasaban inadvertidos. No porque fuéramos ricos, pero sí tontamente irresponsables. Pero la realidad se impone y llegará el día en que se tendrán que acabar, sí o sí, estas chorradas en un país como el nuestro abocado inevitablemente a asumir, guste o no, que los viajes a Cancún cada año son cosa de un pasado loco y que no volverá. E igual que los viajes a Cancún los profesores universitarios pagados por perder el tiempo debieran empezar a despertar sospechas.

No hace mucho, a finales del curso pasado, describía el día a día de un profe universitario cualquiera (mi caso) y cuán deprimente podía llegar a ser. No voy  a repetirme contando mis dos últimas semanas, pero se resumen en una media de dos reuniones al día de “coordinación” y de reelaboración de planes de estudio diversos. En ambos casos, la causa última de esta pérdida de tiempo es Bolonia. Un proceso de Bolonia que  ha generado una burbuja universitaria brutal y que lleva a nuestras Universidades a la muerte por colapso. Alguien, algún día, tendrá que detener esta locura. Pero esta vuelta al cole, de momento, me ha  permitido vislumbrar que el futuro próximo no pasa, todavía, por ahí. No se vislumbran de momento recortes. Las grúas que construyen más y más edificios siguen en mi Universidad. La implacable aplicación de planes de estudio nuevos y de reformas de los ya existentes también. Repasemos, pues, rápidamente, las sub-burbujas en que se divide la burbuja de la Universidad española tras la digestión de Bolonia:

– Burbuja de titulaciones. El proceso de Bolonia, en medio del descontrol generado y la dejación de cualquier responsabilidad por las autoridades,  ha supuesto la relajación de los controles para montar Universidades privadas y ofrecer titulaciones tanto por éstas como por las Universidades públicas. Se tiene que pasar un proceso de acreditación de vergüenza ajena, como demuestra que una Universidad como la Católica de Valencia haya logrado acreditar carreras como Medicina sin contar con doctores para enseñar ni con un hospital para hacer prácticas o que lograra la implantación de Derecho sin disponer de apenas profesores en la materia. Aquí compras un piso céntrico, le  pones una tarima y diez pupitres y lo que antes era una “academia de repaso” puede ser una Universidad si tienes la paciencia de rellenar los papeles. Dada la inexistencia de controles esto ha generado una barra libre con la que las Universidades privadas, compitiendo en los nichos de mercado, precio y otras “facilidades” que  les interesan, se están poniendo las botas y donde las Universidades públicas han corrido a aprobar grados al grito de tonto el último. Tenemos grados de todo lo imaginable. Y habitualmente duplicados o triplicados en menos de 100 kilómetros a la redonda. Como está mal hablar de otros, me limitaré a consignar que mi centro ya no sólo da el grado en Derecho (como otras 4 Universidades públicas situadas a menos de 200 kilómetros y una buena media docena de privadas y centros CCC o equivalentes que lo hacen en Universidades privadas en la propia ciudad) sino que ofertamos Criminología, Ciencias Políticas, títulos combinando estos estudios y Derecho, licenciaturas dobles con ADE…, y todo ello a la vez que el antiguo Trabajo Social se ha  desdoblado en cuatro o cinco titulaciones diferentes (hasta el punto de que no son ya solo una Facultad independiente sino que tienen su propio edificio desde hace unos meses).

– Burbuja de grupos. No sólo es que tengamos muchos grados y títulos. Es que, además, tenemos muchos alumnos y muchos grupos. Al menos oficialmente. Es la ventaja de no expulsar a nadie por muchas convocatorias que haya superado. El otro día un colega me comentaba que en su grupo tenía gente que se había matriculado por decimosegundo año consecutivo. Son casos extremos pero como no se penaliza repetir pues cada vez hay más. De manera que las matrículas están infladísimas. Con las licenciaturas teníamos unos 10 grupos por asignatura de 120 matriculados oficiales (que luego eran,como mucho, 50 reales). Pues Bolonia, que como es sabido requiere de una mayor dedicación al alumno y clases más cercanas y prácticas, ha obligado a reducir a 50 alumnos por grupo la ratio (no quiero ni imaginar de cuántos alumnos reales estamos hablando), multiplicándose así los grupos. Creo que este año hay entre 15 y 20 por cada asignatura. Una salvajada. Creciente. Porque cada año que pasa hay más títulos de Bolonia, más cursos que aplican el nuevo plan y más necesidades de grupos, grupos y más grupos… con cada vez menos alumnos por grupo. Peculiarmente, mientras en el Grado los grupos pueden ser de una o dos decenas de estudiantes, en los Másters oficiales, tras años de caos y varios cambios de normativa, ahora ha aparecido una directriz que recomienda grupos de 40 estudiantes. Peculiar Universidad esta donde tienen oficialmente los mismos alumnos los grupos de Derecho Admnistrativo básico y los de Topología matemática de nivel de máster, por poner un ejemplo.

– Burbuja de profesores y coordinadores. Lógicamente, toda esta cantidad de titulaciones CEAC y CCC, con muchos grupos para que haya sólo 10 ó 12 alumnos por grupo requiere de mucho profesorado. De manera que llevamos unos años ampliando plantilla.  En mi departamento, por ejemplo, y por medio de un procedimiento muy limpio y escrupuloso, hemos seleccionadoa partir de nuestra real gana a más de 10 nuevos profesores para dar clase. La Universitat, además, recientemente ha avalado el criterio seguido, explicando públicamente que para seleccionar a un profe que tiene que dar clase de Derecho administrativo la comisión que selecciona es libre de puntuar en mayor medida la experiencia ejerciendo en Derecho civil o penal que como funcionario especializado de grupo A dado que eso forma parte del “libre ámbito de decisión para seleccionar personal”. En fin, nada nuevo bajo el sol, como comentábamos no hace mucho cuando hablábamos de la corrupción de baja intensidad en este país. Lo espectacular, al margen de la franqueza con la que la Universidad dice que lo que tienen que hacer los departamentos es elegir a quien les dé la gana, al margen de cualquier relación de sus méritos con las tareas a desempeñar, es esto de que no hagamos más que contratar a gente, y más gente y más gente (que mayoritariamente lo sean con contratos de mierda y para hacer labores que los funcionarios titulares no quieren hacer, sin el más mínimo futuro profesional, es otro tema, que dice bien a las claras cómo es este país y que también explica las razones por las que a las Universidades les da igual a quién se contrate y les parece muy bien que se empleen estos puestos para para favores inconfesables de todo tipo) para dar alimento a la burbuja. En lugar de contratar a pocos, muy buenos, y con un proceso de selección muy afinado, aquí seguimos con las prácticas burbujistas puras y duras: que entren muchos, siempre y cuando sean los que yo quiera, pero con contratos basura.

No sólo tenemos cada vez más profesores, claro. Toda esta ingente maquinaria requiere para su óptimo funcionamiento de muchos coordinadores. Mi Facultad, como hay crisis, ha puesto en marcha un sistema (retribuido por una de estas tres vías: o quitándote horas de clase, o pagándote o contándote como mérito curricular para futuras acreditaciones y ascensos, cuando no en algunas ocasiones por las tres a la vez) delirante de coordinación y meta-coordinación. Capitaneados por el coordinador en jefe, tenemos coordinadores de grupo, de curso, de asignatura y coordinadores que coordinan a los coordinadores de curso, grupo y asignatura que coinciden en el espacio-tiempo. Todos ellos se dedican a convocar reuniones para definir programas, cronogramas, actividades, horas, preguntas de examen y todo tipo de chorradas. Lo más triste de todo es que los carguitos en cuestión, por estar retribuidos, son de lo más jugosos. La gente se pelea por coparlos. Y luego, algunos, se sienten obligados a hacer cosas. Lo cual es casi peor. De estas dinámicas de coordinación salen cosas como que a mí, por ejemplo, me prohibieran hacer leer dos libros durante el curso a mis alumnos. “La coordinación” no lo aprobaba porque descuadraba el tiempo dedicado a mi asignatura y cosas de esas.

– Burbuja de cargos y carguitos. En un entorno como el descrito, los profesores que cada vez mandan más y cortan el bacalao son los que se mueven bien en esto de los cargos, acumulación de méritos burocráticos, de cobro de complementos y de ascensos por estas vías. Todos ellos tienen una prioridad en cuanto pillan el cargo: reducirse sus horas de docencia. Lo cual viene bien a todo el mundo, porque hay que contratar, en consecuencia, a nuevos profesores de los mal pagados para dar las clases. El resultado es de lo más divertido globalmente: los profesores, por lo general, ya no damos casi clases. Estamos en reuniones, en Másters, con reducciones de docencia, coordinando… y dando algunas de las horas lectivas. Pero luego, a la hora de la verdad, el grueso de las clases lo dan los asociados contratados por 3 horas a partir de estas vías tan españolas arriba descritas. El modelo está coordinadísimo y logra que los profesores, poco a poco, deambulemos hacia cargos y a no dar clase. ¡El viejo sueño de la sociedad sin clases, tan caro a los PNNs de los setenta, logrado gracias a la acumulación de cargos!

– Burbuja de financiación para cosas absurdas.  Los profesores universitarios somos también unos profesionales de trincar pasta, dinero público, para cualquier cosa. Por supuesto, viajamos siempre a congresos y demás a gastos pagados (el Ministerio paga proyectos de investigación para financiar estas cosas) y nos invitamos a saraos constantemente, financiados con dinero público mayormente, con generosidad. Lo más divertido de todo es que estamos hiperespecializados en sablazos a cual más impresentable. Los ejemplos son múltiples pero a mí me gusta particularmente que mi Universidad se ha especializado recientemente en sacar pasta a la Generalitat para hacer cosas en inglés que luego, a la hora de la verdad, se hacen en castellano. Ventajas del bilingüismo y de estar muy habituados a trabajar con él gracias a nuestra lengua vernácula, pues tenemos desde hace años a decenas de profes que cobran incentivos o ganan puntos curriculares por dar clases en valenciano cuando en la práctica las dan en castellano. Todo ese know-how está pasando de manera muy eficiente al tema del inglés, con la Generalitat pagando tan contenta y los periódicos locales saludando la buena nueva.

Y otro día hablaremos de los pantagruélicos aperitivos de Navidad y su disparatadísimo coste. Esta Universitat mía hacía históricamente uno en el edificio de Rectorado al que sólo iba la flor y nata de la burocracia universitaria de la casa. Pero mi Facultad, líder en saraos pagados por todos, se rebeló contra esta práctica y montó el primer aperitivo de centro de la casa en pro de la igualdad. No sólo los gerifaltes tenían derecho a comer gambas y beber cava a cuenta del contribuyente, sino cualquier profesor de a pie. La iniciativa, un éxito de los indignados avant la lettre que ocupaban decanatos y vicedecanatos, fue copiada rápidamente por el resto de Facultades. Y luego se ha logrado mejorarla y la excelencia. Ahora, como tenemos muchos coordinadores, las Facultades también han aprendido a coordinarse en los días de celebración. Por ejemplo, si en mi Campus hay 3 Centros y montamos todos la picadeta el mismo día la cosa es un desperdicio. Pues uno la hace el 21, otro el 22, otro el 23 y cada uno de ellos contando con la asistencia de los profes de todo el campus y así la gente está mucho más contenta. El año pasado, con eso de las vacas flacas, se intentó medio poner coto al tema y se adoptaron medidas drásticas de ahorro. Según me han informado se impidió que los aperitivos costaran más de un milloncejo de las antiguas pesetas por centro. La austeridad, como se ve, ante todo.

En fin, que tarde o temprano esto explotará. Porque habrá quien nos diga, y con razón, que para dar enseñanza a nivel de las academias CCC, pues que mejor se lo encargamos a los expertos del sector. Y como en Valencia ya tenemos una Universidad, que es la Católica, especializada en el tema (sus médicos de la primera promoción acaban el año que viene, 3 años después de ser acreditada la carrera por la ANECA, ¿puede pedirse más eficacia que eso?), ya se va viendo que la sociedad, tarde o temprano, nos mandará con razón a freir espárragos  y, entre títulos sin ningún nivel caros y absurdos y títulos sin ningún nivel, algo más baratos socialmente y con bendición apostólica de regalo, pues elegirá sensatamente.

¿ES POSIBLE Y CONVENIENTE PARAR UNA REFORMA UNIVERSITARIA INVIABLE POR LA CRÍSIS ECONÓMICA?


El artículo del Prof. Asencio y el comentario del Prof. Barbancho vienen a introducir la cuestión de “parar” una reforma, la universitaria, que según todos los indicios y datos está llevando a la universidad española a un callejón sin salida.

Mi pregunta es:

¿Tiene la universidad actual capacidad para acometer la tarea que proponen ambos?

Me surgen serias dudas sobre la posibilidad de que las estructuras universitarias (rectorados, claustros, consejos de gobierno y de departamentos) y la inmensa mayoría del profesorado tengan capacidad, y sobre todo voluntad, de “parar y analizar la situación económica y educativa y reconducir el proceso”. Las ideas que una parte del profesorado tiene sobre la aplicación del “proceso de Bolonia” es la de estar produciendo un desastre académico, desastre que significa además una estafa al alumnado y a la sociedad. Sin utilizar estos términos algunos rectores vienen a decir lo mismo. Ver El Pais. 19-9-2011. “Los recortes obligan a los campus a aplicar Bolonia “a la española”

http://www.elpais.com/articulo/educacion/recortes/obligan/campus/aplicar/Bolonia/espanola/elpepuedu/20110919elpepiedu_1/Tes

El parar o reconducir una ley en marcha no es fácil, pero cosas más difíciles que se han conseguido y como ejemplo reciente se me ocurre la aparición del movimiento 15M.

Por tanto, y siguiendo las reflexiones y propuestas de los Profesores Asencio y Barbancho, os animo a  iniciar desde este foro un debate sobre  como parar las reformas universitarias antes de que el daño causado a la sociedad  española sea completamente irreversible”.

Un saludo a todos

Diego

Bolonia y la crisis: Una reforma imposible


Bolonia y la crisis: Una reforma imposible

 JOSÉ MARÍA ASENCIO MELLADO.
 Catedrático de Derecho Procesal de la Univesidad de Alicante

 Cuando la realidad supera a las palabras y se impone con toda su tozudez, insistir en mantener un discurso retórico, florido, pero vacío, es poco acertado. Muchas reformas llevadas a cabo en estos últimos años, plagadas de afirmaciones rimbombantes, no han pasado, ni pasarán del BOE. Son pura demagogia que cala en la sociedad al usarse reiteradamente, aunque no tengan correlación con la realidad. Mero discurso, pero efectiva propaganda mediática.
La Universidad española, en este orden de ideas, es con seguridad uno de los mejores ejemplos de una política hecha en torno a conceptos como los de excelencia, impacto, habilidades sin par, calidad y un largo etcétera que no son más que humo, pues nada ha cambiado respecto a lo de antes, salvo mucha burocracia, muchos papeles repletos de calificativos que se redactan sin contenido real y muchos comités decisores que leen mentiras reconocidas como tales, pero exigidas como si fueran ciertas.
Bolonia no existe, es una abstracción como ya dije hace meses. Todo sigue igual, salvo la reducción de un curso en los llamados Grados, que se amplía luego en año y medio en unos Postgrados más caros, para los que no hay dinero en su mayoría, de forma que cabe dudar de su viabilidad en estos momentos de crisis. El profesorado profesional, el dedicado a la Universidad en exclusiva, el que imprime carácter a la Universidad europea, se está viendo reducido y sustituido por profesorado contratado a tiempo parcial y muy barato. Ya no entran jóvenes, por lo que nuestra Universidad está envejeciendo y negándose a sí misma el futuro. Sin inversión el objetivo razonable ahora debiera ser el de mantener lo existente con cierta dignidad y esfuerzo imaginativo. Porque a nadie se le escapa que no hay “excelencias” cuando faltan los recursos elementales para desarrollar las funciones básicas.
Las habilidades que los planes de estudio enuncian como objetivos de la docencia, buenas como ideal, son hoy meras elucubraciones que viven en las guías docentes, en el papel, pero que mueren ahí habida cuenta la existencia de grupos de alumnos muy numerosos y la escasez de profesorado. Pero, los promotores de la idea, persisten en ella desconociendo la dura realidad. Es el triunfo de una jerga pedagógica, que no siendo rechazable en sí misma, es peligrosa cuando se constituye en dogma cuya violación es pecado mortal aunque no pase de ser una mera abstracción.
Pero, es aún peor, porque las reformas han llevado a que los jóvenes profesores, cada vez menos y más mayores, no puedan dedicarse a la investigación y al estudio, a formarse de verdad y a conciencia, al verse sometidos a exigencias absurdas, a maratones interminables de estupidez si desean permanecer en un oficio ya muy degradado. Porque no es el contenido de lo investigado lo que se valora por los sesudos tribunales formados a dedo y asesorados por informantes anónimos, sino mil indicios que, contrariamente a lo que se aduce, constituyen un marco de arbitrariedad muy superior al anterior. Esos profesores jóvenes, con contratos precarios y riesgo de despido permanente, deben realizar cursos sobre pedagogía de su propio bolsillo, que cobran unos antes desconocidos prebostes del nuevo dogma, pero que cierra las puertas a quienes no pueden disponer de medios. Tanto curso, con sus viajes, estancias fuera de casa y tasas de matrícula no puede ser pagado por profesores sin recursos, con más de treinta años muchos de ellos, con obligaciones familiares y con sueldos que pocas veces pasan de los mil euros. La Universidad puede de este modo convertirse en un privilegio exclusivo para pudientes.
Desde unos postulados pedagógicos postmodernos, vanguardistas -los causantes del fracaso en Secundaria hoy transportados tozudamente a la Universidad-, se rechaza irresponsablemente el estudio, la aprehensión de conocimientos, los exámenes en sí mismos considerados. Todo esto es lo antiguo y debe ser sustituido por una constante evaluación del alumno, la cual es una entelequia ante grupos de noventa alumnos que no permiten ni siquiera conocer su nombre, cuanto menos seguir su evolución diaria. El resultado, a la larga y ya constatado es una peor formación aunque se quiera vestir ingenuamente de excelencia. Sin saber no hay habilidades, aunque esta afirmación mía sea hoy pecado mortal y quien la profiere un pecador irredento que se ve con cierta prevención y tacha de peligroso antisistema. Qué tiempos aquellos en los que la Universidad pensaba, se rebelaba y se oponía a imposiciones elementalmente irracionales. Nuestra sumisión roza la obsecuencia vergonzante.
No hay medios y sin ellos toda reforma es pura ilusión y fracaso. Cambiarlo todo sin los instrumentos necesarios es arriesgarse a una hecatombe y perjudicar a una generación ya suficientemente afectada por esta crisis maldita. Insistir en una Universidad “excelente” cuando se ahoga por falta de los medios indispensables para este objetivo constituye un ejercicio que podría ser calificado de irresponsabilidad o ingenuidad. Los rectores deben plantarse, máxime cuando ya han sido avisados de que la inversión se va a reducir drásticamente. Si hace poco, cuando todo el proceso de reforma comenzó, no se vislumbraba una crisis tan grave y era posible, hipotéticamente al menos, avanzar por el camino propuesto, hoy la realidad se ha impuesto con toda su crudeza. Paremos una reforma inviable, que carece de financiación y ajustemos la Universidad a los medios con los que cuenta. Ser realistas es nuestra obligación.

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